Internet, Twitter, Facebook, Instagram, etc., o La expulsión de lo distinto, según Byung-Chul Han

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Acota Byung-Chul que «las inseguridades sociales, unidas a la desesperación y a un futuro sin perspectivas, constituyen el caldo de cultivo para las fuerzas terroristas.

A Priscilla Capellán, en Nueva York
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Nadie con una cultura de mediano pelaje ignora lo que fue el liberalismo como concepción económica en el siglo XIX. Casi todo el mundo lo reduce al cliché laissez faire-laissez passer.
Hoy, el concepto ha sido recuperado con el nombre de neoliberalismo, pero con una ideología más totalitaria relativa a la intervención del Estado en la economía: cero regulaciones. Que el mercado regule a través de la ley de la oferta y la demanda la libre circulación de mercancías y que el Estado esté casi ausente, que casi desaparezca y no tenga ninguna intervención en los asuntos que tienen que ver con los sujetos que carecen de los bienes y servicios necesarios a la sobrevivencia. En ese capitalismo salvaje reina la ley de la selección darwiniana: que sobrevivan los más aptos. Esta es la fórmula perfecta del neoliberalismo acabar con la pobreza: matando a los pobres. Con olvido total de que quienes crean a los pobres son las grandes corporaciones capitalistas con su extracción total de la plusvalía de la fuerza laboral que le está subordinada.
Los nombres de los fundadores del liberalismo decimonónico nos son bien conocidos, pero ¿quién inventó el concepto de neoliberalismo? Byung-Chul Han en La expulsión de lo distinto (Barcelona: Herder, 2017, p. 27) lo informa: «Alexander Rüstow, quien acuñó el concepto de ‘neoliberalismo’, constató que si la sociedad se encomienda únicamente a la ley mercantil neoliberal se deshumaniza cada vez más y genera convulsiones sociales. Por eso señala que hay que completar el neoliberalismo con una ‘política vital’ que siembre solidaridad y civismo. Sin esta rectificación del neoliberalismo a cargo de la ‘política vital’ surgen unas masas inseguras, que actúan movidas por el miedo y que se dejan captar fácilmente por fuerzas nacionalistas étnicas.»
A escala planetaria asistimos hoy al espectáculo de grandes “convulsiones sociales” en Europa, en el mundo musulmán desparramado desde el Medio Oriente hasta el Lejano Oriente y en África están en el menú político los grupos de guerrilleras “terroristas” ligados a Al Qaeda o Isis, pero en América y Oceanía todavía no se han hecho patentes semejantes manifestaciones que no adoptarán, cuando lleguen, el perfil de los antiterrorismos musulmanes, sino, talvez, la modalidad de la extrema derecha o variantes del nacionalsocialismo o del fascismo.
¿Cuáles razones explican el surgimiento de estos grupos nacionalistas o étnicos en medio del neoliberalismo salvaje? La desigualdad. Pero desigualdad económica primero, y luego podemos agregarle todos los adjetivos imaginables: social, política, cultural, sexual, religiosa, etc. ¿Y la desigualdad y el no reconocimiento del otro qué genera a escala planetaria? Miedo. Byung-Chul agrega algo más: «Miedo por el futuro propio se trueca aquí en xenofobia. El miedo por sí mismo no solo se manifiesta como xenofobia, sino también como odio a sí mismo. La sociedad del miedo y la sociedad del odio se promueven mutuamente.» (P. 28).
Esta desigualdad a escala planetaria, ¿qué ha traído como consecuencia de la implantación del neoliberalismo en todo el orbe luego de la caída del muro de Berlín? Al abrirse paso, el capitalismo salvaje y su ideología y cultura light a escala planetaria, con la extracción absoluta de la plusvalía a las fuerzas laborales, y ya sin el contrapeso de la lucha entre capitalismo y comunismo, surgieron miles de millones de pobres que, sumados a los ya existentes creados por el Estado de “bienestar social” que persistió después de la Segunda Guerra Mundial, constituyeron un ejército mundial de reserva sin un centavo en las manos y sin medios para satisfacer las necesidades materiales inmediatas.
Acota Byung-Chul que «las inseguridades sociales, unidas a la desesperación y a un futuro sin perspectivas, constituyen el caldo de cultivo para las fuerzas terroristas. El sistema neoliberal cultiva directamente estos elementos destructivos, que solo a primera vista parecen opuestos a él. En realidad, el terrorista islámico y el nacionalista étnico no son enemigos, están hermanados, pues comparten una genealogía común.» (Ibíd.).
¿Qué ha unido al antiterrorista islámico y al nacionalista étnico al punto de que Isis ha visto engrosar sus filas con miles de europeos blancos? En primer lugar, la destrucción o el intento de destrucción por parte del neoliberalismo de dos modos de vida económicos y culturales. En el caso del islam, el intento de destrucción de la tríada religión-política-economía de la vividura medieval de los pueblos islámicos (intento iniciado con las Cruzadas en el siglo XI) y en cuanto a los europeos o gente de otras nacionalidades y pueblos que han engrosado las filas de Isis, la destrucción por parte del neoliberalismo de todas las conquistas sociales conocidas por Europa desde la Revolución francesa hasta la Segunda Guerra Mundial. O sea, que esa destrucción de los modos de vida por parte del neoliberalismo ha dejado en la calle a miles de millones de pobres que no tienen un centavo en el bolsillo y sobreviven con los restos de comida que la clase media alta y los ricos tiran a la basura.
¿Qué ocasiona la falta de dinero en el bolsillo? Byung-Chul lo ilustra muy bien con una antítesis que encuentra, al final, su justificación: «El dinero es un mal transmisor de identidad. Sin embargo, puede reemplazarla, pues el dinero proporciona a quien lo posee al menos una sensación de seguridad y de tranquilidad. Por el contrario, quien ni siquiera tiene un poco de dinero no tiene nada: ni identidad ni seguridad. Así, forzosamente [quien no tiene dinero] se evade a lo imaginario, por ejemplo, a la idiosincrasia de un pueblo, la cual pone rápidamente a disposición una identidad. Al mismo tiempo se inventa un enemigo, por ejemplo, el islam. Es decir, a través de unos canales imaginarios levanta unas inmunidades para alcanzar una identidad que otorga sentido. El miedo por sí mismo hace que inconscientemente se provoque la nostalgia de un enemigo. El enemigo es, aunque de forma imaginaria, un proveedor de identidad.» (Pp. 28-29).
Y, por supuesto, el islam no solamente provee identidad, sino que también provee dinero y una forma de sobrevivencia a quienes se unen a sus filas huyendo de la pauperización extrema a que el neoliberalismo salvaje ha sometido a la humanidad a escala planetaria luego de la caída del muro de Berlín.
Esos europeos que vemos en los reportajes de las cadenas de televisión del neoliberalismo salvaje, esas mujeres europeas o de otras naciones que han unido su vida en matrimonio a los soldados de Isis encuentran en el sol bravo del Medio Oriente el cumplimiento del sueño que se forjaron en su propia tierra y que no pudieron conseguir: «Lo imaginario compensa una carencia en la realidad. También los terroristas habitan lo imaginario. Lo global hace que surjan unos espacios imaginarios que promueven una violencia real (…) El violento poder de lo global debilita al mismo tiempo las defensas inmunitarias, pues estas estorban la circulación global acelerada de información y de capital. Precisamente ahí donde los umbrales inmunitarios son muy bajos el capital fluye mucho más rápido.» (P. 29). Es decir, fluye con más rapidez “la libre circulación de mercancías y bienes de capital”, explico yo lo que desea decir Byung-Chul. El autor surcoreano habla del “violento poder de lo global”. Debió decir que al “violento terrorismo de lo global”, quienes resisten ese terrorismo, crean un antiterrorismo contra el neoliberalismo y la globalización. (Continuará).