Ique, buen amigo

VIRGILIO ALVAREZ BONILLA
La inesperada muerte de Bernardo Enrique Pichardo (Ique), me ha llenado de pesar, cuando Rosa María me llamó desde Santo Domingo en la mañana del pasado domingo 16, me tocó trabajo organizar mis ideas antes de comprender la dura realidad de que un gran amigo se había ido para siempre. Con Ique me unían muchos vínculos, algunos indisolubles heredados de la fraterna amistad de nuestros ancestros, otros, los más, cultivados a través de una larga y sincera amistad que perduró pese a la obligada lejanía que nos separó más de una vez. Aún así él procuraba siempre la forma de contactar conmigo y vernos cuando las circunstancias lo permitían.

Ique, tal como siempre expresó Papia, no fue más que un muchacho grande, detrás de su forma de ser para muchos arrogante e imperativa, se escondía un noble corazón siempre dispuesto al auxilio de un amigo o a la callada caridad. Vivió como quiso, disfrutó su existencia a cabalidad, pese a que bien sabía que su precaria condición cardíaca no podría resistir. En efecto omitiendo los consejos de su médico y amigo Anis Vidal, de familiares y amigos. Prosiguió su vida sin escatimar el irreparable daño que recibía su mermada salud.

Ique se ha ido, con su partida se esfuman los agradables atardeceres que pasábamos junto a los amigos en la galería del Country Club que tanto amó. Ya esos momentos no serán iguales sin él, sin su chispa, sus malcriadeces y gestos, sin sus afectos, sin sus verdades y su mandato. Creo que a partir de su ausencia el Country no será el mismo.

Ique se ha ido, hará realmente mucha falta, el dolor que embarga a sus hijos Egy, Iquito y Paino, a su esposa Jocelyn, a sus hijas políticas y nietos es compartido por quienes le quisieron y profesamos gran cariño que siempre fue correspondido por él de igual forma. Nos conforma saber que a través de sus recuerdos, permaneceremos juntos, profesándole el mismo afecto fraterno de siempre. Descanse en paz, buen amigo….