Iraq, un balance para la reforma constitucional

http://hoy.com.do/image/article/332/460x390/0/D7CCD2B7-4F87-4258-81B0-5A110144F809.jpeg

JOSÉ MANUEL GUZMÁN IBARRA
En su momento nos opusimos -como lo hicieron millones de personas- a “la guerra preventiva” de EEUU contra Iraq. No usábamos argumentos pacifistas, pues sabíamos que esa posición ingenua era la que necesitaban los promotores de la guerra. Al contrario, nos fundamentábamos en el cinismo discursivo de sus defensores y en la falta de pruebas que sostuvieran sus argumentos principales.

También evaluábamos lo que más le convenía a nuestro país. La oposición a la guerra a Iraq desde la República Dominicana se fundamentaba, en primer lugar, en el debilitamiento de las Naciones Unidas. La política internacional que más nos convenía, a diferencia de lo que pensó el gobierno de Hipólito Mejía, era la neutralidad ante el llamado a la guerra y la defensa de que cualquier acción debía hacerse en el marco de las Naciones Unidas.

A la larga, todas las tesis contra la guerra en Iraq se demostraron ciertas. No había armas de destrucción masiva en Iraq. El Jefe de los inspectores de armas de las Naciones Unidas, Hans Blix, dijo en su momento a la BBC que su equipo siguió todas las pistas de un gran número de sitios indicados en los informes de las inteligencias británica y estadounidense sólo para encontrar que no conducían a nada. Tampoco había evidencia de vínculos entre Al Quaeda y Sadam Hussein, cuyo gobierno era laico y por tanto mal visto por Bin Laden y su grupo. Tercero, que la intención de derrocar a un tirano, además de hipócrita, traería como consecuencia una “yugoslavización” de Iraq con mayor inestabilidad en la región, dadas las circunstancias históricas que habían dado lugar al nacimiento de Iraq. Se dijo entonces que a partir de esa mayor inestabilidad, el odio hacia occidente, especialmente hacia EEUU, podría aumentar. Más que enfrentar el terrorismo lo que quería el Pentágono de Rumsfeld era implementar un plan que existía desde la Guerra del Golfo, lo cual nunca fue negado por las autoridades americanas.

Así, la guerra no tenía sentido, ni siquiera para objetivos ocultos, como lo era el control del petróleo o la estrategia militar de atraer hacia Iraq el terrorismo musulmán. En cuanto a lo primero se sabe que el comportamiento (producción, precios) ya no es fácilmente controlable, por lo que aún siendo de importancia estratégica, no justificaba esa aventura. En cuanto a lo segundo es evidente después de varios atentados terroristas alrededor del mundo (Madrid, Londres) y el envalentonamiento peligroso de Israel en la región, lejos de tener una focalización regional del conflicto con los terroristas, se ha mantenido su peligro y diversificación geográfica, por lo que también esos objetivos ocultos quedaron derrotados.

Si además le sumamos la debilidad en el control de la población y la implementación de una democracia que termine con la guerra civil en Iraq , tendríamos que concluir que el desastre es el sustantivo que mejor describe este experimento de la Administración Bush. Todo esto ha sido mejor dicho por muchos pensadores y analistas desde el principio.

El balance sobre la guerra de marras y el Estado dominicano, sin embargo, ha estado ausente. Al parecer hemos preferido olvidar esa sombra en nuestra política exterior. Las tesis oportunistas para apoyar la guerra de Iraq también fueron derrotadas. Nunca hubo ningún trato preferencial derivado del envío de tropas dominicanas al territorio de guerra. En cambio, mostramos inconsistencia en nuestras relaciones exteriores con el consecuente debilitamiento de la defensa de nuestros intereses.

En estos momentos se plantea una reforma constitucional. Hay un tema en el cuestionario de la consulta popular, sobre si deberían nuestros militares poder participar en misiones en el exterior. La pregunta 65 del cuestionario dice: ¿Se debe consagrar constitucionalmente la posibilidad de que los cuerpos castrenses cumplan en el exterior las misiones de mantenimiento de paz y todas aquellas misiones propias al cumplimiento de los fines de las Naciones Unidas y de los organismos internacionales de derechos humanos conforme los procedimientos que establezcan los instrumentos internacionales multilaterales debidamente suscritos y ratificados por el país?

Nuestra opinión, al pasar balance sobre la guerra en Iraq, es que la Constitución dominicana debe prohibir explícitamente el apoyo a cualquier situación de guerra en la que la soberanía dominicana no esté directamente envuelta y que nuestros cuerpos castrenses sólo podrían participar en misiones de paz en el exterior, si hay una solicitud de las Naciones Unidas. Igualmente debería establecerse que incluso en misiones internacionales aprobadas por ese organismo multilateral, no debería nunca participar nuestro país en una misión en el hemisferio.

Así, con rango constitucional podríamos evitar que otro gobierno como el pasado, se sienta con la presión o tentación de apoyar una potencia por razones oportunistas.