Iris Pérez, una artista de la cerámica personal y muy comunicativa

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La cerámica se abrió grandes perspectivas en Santo Domingo, reinaba un fervor compartido, se multiplicaban sus adeptos. Luego de ese auge individual y colectivo, el arte del fuego marcó una pausa preocupante, aunque siempre creímos en su repunte como creación plástica.

Thimo Pimentel, con sus enseñanzas y su planetaria Trienal del Tile, había mantenido la llama viva y consiguió nuevas adhesiones: una de ellas, si no la principal, es la de Iris Pérez, que ha abrazado con pasión la causa cerámica…

Iris Pérez, que hoy expone en las dos plantas de la Galería de la Embajada de Francia, en la zona colonial, es una artista de creatividad incontenible, con una obra rica y personal, abundante y comprometida. Desde sus inicios, alternó el dibujo y la pintura, incursionó en la escultura y la instalación, finalmente se entregó a la cerámica. Lo hizo “furiosamente”, con energía y compulsivamente, como (casi) todo lo que ella emprende.

La exposición. No le quedaba otra opción sino la de presentar públicamente un conjunto fehaciente de una convicción, de una curiosidad, de un trabajo, manifestados permanentemente en incontables piezas que ella construye, modula, oxida, cuece, pinta, barniza en su propia casa-taller.

Es “la casa tomada” –pensamos en el cuento de Julio Cortázar-, y su productividad sigue avanzando al compás del flamante oficio que acapara sus jornadas. Pero continua pintando… aquí están también, en los muros pluriseculares, testimonios notables de una dedicación nunca descartada.

¿Cómo pasó Iris Pérez del dibujo y la pintura a la cerámica, de la obra bidimensional a la tridimensional? Anteriormente, había llevado a la escultura sus pequeñas criaturas, sentándolas en altos taburetes y encolando capas de “papier maché”. El resultado fue encantador, así mismo hoy su “estatuaria” en barro, una joya cerámica…

Tradicional para con la cerámica, ella confecciona sus personajes y sus soportes sometiendo la pasta al proceso de modelaje, esmaltado, cocción –dos o tres veces- y terminación. Más conservadora técnicamente en esta categoría, ella conserva de sus protagonistas pictóricos, su juventud, chicos y chicas a menudo, como les apreciamos con sus cualidades de autenticidad, inocencia, frescor de alma, en un estilo expresionista identificador…

Varían su fragmentación y su hábitat, siendo algo más abierto que en la pintura aunque manteniendo la densidad de las figuras en el espacio. También impresionan los formatos y las formas, los soportes y los polípticos, incluyendo la inserción de la terracota en troncos, ¡que sugieren la posibilidad de monumentos! Siempre, hay ternura y la inspiración en los motivos, así los corazones, las mariquitas, las flores…

Energías positivas. Aquí, la soledad de los personajes -de frente siempre-, se hace menos sensible que antes: se acercan, casi se tocan, parecen comunicarse… hasta esperar juntos. Iris trabaja el barro emocionalmente, con la fuerza, el esmero y la delicadeza que le pertenecen. Las líneas incisas, las gamas tonales, el vidriado reluciente animan la superficie, los relieves, los ritmos interiores.

Esta exposición testimonia su entusiasmo, que respaldamos y celebramos con alegría. ¡Definitivamente, tenemos a una ceramista de verdad, con un porvenir abierto!