Jaime Morales dirige 4º concierto temporada

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El destacado director puertorriqueño Jaime Morales ha sido invitado a dirigir nuestra Sinfónica Nacional, en su cuarto concierto de la actual temporada.
Anteriormente, en 2010 y en 2015, tuvimos la oportunidad de aquilatar a este excelente músico en el Teatro Nacional, quien además es un destacado trombonista.
El programa ecléctico, escogido para este concierto, inició con la bellísima obertura de la ópera “Oberón” de Carl María Von Weber, en la que refleja los motivos principales de la trama, desarrollada en el mundo de las hadas cuyo conductor es Oberón, personaje también evocado por Shakespeare en “Sueño de una noche de verano”; el destino juega con los hombres para probar el alcance de su amor y fidelidad.
Con el llamado lejano del “cuerno místico” inicia la Obertura, luego se escuchan los susurros del bosque encantado y de sus seres. Un fuerte golpe nos traslada al mundo terrenal, el amor es simbolizado en una bella melodía; el clarinete solista, Jorge de Jesús Torres Sosa, expone uno de los temas principales.

La conclusión, rítmica, dinámica, de gran brillo instrumental, perfectamente pautada por el director, trae el aria famosa de Rezia, que simboliza el triunfo de la fidelidad humana.
A continuación -y en un cambio estilístico- escuchamos la sinfonía concertante para violín, viola y orquesta en mi bemol mayor, K.V.364 de Wolfgang Amadeus Mozart.

El término “concertante”, propio del siglo XVIII, se asemeja a lo que hoy, siglo XXI, llamaríamos sinfonía para violín y viola, pero Mozart era hombre de su tiempo, y el término es un reflejo de esa época, por lo que seguirá siendo una “sinfonía concertante”, en tres movimientos.
Inicia con un “allegro maestoso”, la música fluye, luego el violín y la viola entablan un diálogo intenso y delicado, finalizando en un cadenza. En el segundo tiempo, “andante”, el diálogo se prolonga con acentos melancólicos, la viola transmite ese estado de nostalgia, junto la exuberancia del violín.

El contrastante tercer movimiento, “presto”, es una danza rebosante de alegría y vitalidad, que interpretan los solistas y el “tutti” orquestal.
El destacado violinista Luis Augusto Martínez, con buena afinación y técnica, y la polifacética Zvezdana Radojkovic, concertino de la Sinfónica Nacional, esta vez como violista, logran la comunicación vital que les permite un diálogo musical sensible, hermoso. La batuta precisa de Jaime Morales consigue conciliar las partes, solistas y orquesta.
Luego del intermedio, es interpretada “Schéhérezade”, suite sinfónica Op. 35, del compositor ruso Nikolai Rimski-Korsakov, inspirada en episodios aislados de “Las mil y una noches”. La música descriptiva, la profusión de elementos exóticos, su riqueza tímbrica, unido a una técnica orquestal fina, embriagadora a veces, constituyen la obra maestra del compositor.
La suite consta de cuatro números, o episodios. El primero, “El mar y el barco de Simbad” –Largo e maestoso–, luego de la introducción, presenta el primer tema “fortissimo”, sobresalen los instrumentos metal, luego las maderas, creando un contraste, se establece un clima mágico.

El violín solista –Svezdana Radojkovic– acompañado por el arpa –Claire Happel Ashe– dibujan una fina melodía oriental, es el leitmotiv de Schéhérazade; la flauta –Alaima González– traza un tema secundario. En un poderoso “crescendo” se recrea la tempestad. El movimiento concluye con los acordes en “pizzicato”.
El segundo episodio “El príncipe Kalender” –Allegro molto– luego del tema recurrente de Schéhérazade, el fagot –Ángel M. Cruz- ejecuta un nuevo motivo, repetido por el oboe –Dejan Kulenovic–, violines y maderas; cambia la atmósfera, resuenan fanfarrias, dando una sensación de batalla, reaparece el primer tema. En la coda, escuchamos de nuevo el tema del sultán y el tema del mar.
El tercer episodio “El joven príncipe y la joven princesa” –Andantino quasi allegretto– de hermosos colores orquestales, es considerado el más inspirado de toda la obra. Aparece el tema del príncipe expuesto por los violines, luego el tema de la princesa.
El episodio final “Festival en Bagdad” –Allegro molto. Lento– describe una fiesta oriental en la que la orquesta muestra su capacidad lúdica y expresiva y retoma los temas de los movimientos anteriores.

El sultán ha retomado la confianza, la paciencia de Schéhérezade ha triunfado, el violín concertino asciende para terminar la “suite”, es el triunfo del amor, que lo redime todo.
En alas de la maravillosa música no podemos evitar recrear en nuestra mente, escenas del ballet homónimo de Michael Fokine, inspirado en esta maravillosa “suite”.
El director Jaime Morales logró cohesionar la orquesta, y perfectamente nivelada, extrae de esta las sonoridades inéditas creadas por el compositor.