Japoneses celebran 50 años en el país

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POR LEONORA RAMÍREZ S.
Para la señora Waki, una japonesa de 75 años que llegó a la República Dominicana en 1956 con la esperanza de encontrar la tierra prometida, emigrar a este país fue la decisión más acertada de su vida, y al cabo de 50 años de altas y bajas eleva sus plegarias para que sus hijos y nietos, aunque no logren ser personalidades importantes o adineradas, lleven una vida honrada en el lugar que los recibió con tanta bondad.

Esta mujer, que salió del puerto de Kobe en el buque Africa Maru, junto a su esposo y sus dos hijos,  habló en representación de la colonia de japoneses que ayer celebró el 50 aniversario de su llegada al país, como parte de un acuerdo entre el gobierno dominicano y el japonés, luego de la Segunda Guerra Mundial.

En el salón donde estaban reunidos, en el hotel  El Embajador, reinó la solemnidad característica de la cultura japonesa, pero también la riqueza étnica parida de  un mestizaje inevitable.

Durante el acto, catorce  japoneses, la mayoría ancianos, recibieron pergaminos de reconocimiento por  sus arduas labores en el país, y sobre todo,  por haber resistido las adversidades de una realidad que distaba mucho de sus sueños.

En ese sentido, en la apertura de la ceremonia Tahasi Nishio, presidente de la Asociación de Emigrantes Japoneses de la República Dominicana, expresó que el flujo de japoneses que arribó al país entre 1956 y 1959 estaba imbuído de esperanzas de bienestar, pero encontró muchas dificultades por la escasa fertilidad de algunos de los asentamientos donde los asignaron.

Por esa situación algunas familias regresaron a Japón o se marcharon hacia naciones suramericanas, dijo Nishio al resaltar que  “habiendo todos nosotros ganado con esfuerzo la confianza del pueblo dominicano, pienso que podemos afirmar que nos  hemos convertido en un pequeño, pero vigoroso miembro de esa sociedad”.

“Quisiera reiterarles la profunda gratitud a esta tierra y cielo dominicanos, a la vez que transferir los sueños y esperanzas a nuestros jóvenes sucesores. Dejo pues, la constancia de mis humildes votos por el fortalecimiento de los lazos fraternales entre Japón y esta hermosa tierra, y por el bienestar de esta nuestra nueva patria”.

EL PRIMER FLUJO

La primera partida de inmigrantes japoneses, 185 personas agrupadas en 28 familias, llegó al  país por el puerto de Dajabón procedente de Yokohama. Durante tres años vinieron 1,319 personas que conformaban  429 familias, y que se ubicaron en ocho asentamientos: Constanza, Pepillo Salcedo, Neyba, Duvergé, Jarabacoa, La Altagracia y Agua Negra.

En el 2006 la colonia japonesa está constituida por 250 familias que integran alrededor de 900 personas.

EL RECONOCIMIENTO DOMINICANO

La actividad contó con la presencia de Milagros Ortiz Bosch, exvicepresidenta de la República; Salvador Jiménez, director del Instituto Agrario Dominicano (IAD), Quilvio Cabrera, asesor agrícola del presidente Leonel Fernández; Juan Guiliani Cury, subsecretario encargado de negociaciones de la Cancillería de la República Dominicana, y Antonio Gil, asistente del director del Listín Diario.

Ortiz Bosch manifestó que hubiese sido preferible decirles  a los que arribaron en 1956 que a  la República Dominicana le faltaban escuelas, que no tenían suficientes caminos vecinales, y que las tierras hacia donde irían no tenían agua para el cultivo, pero quizás hubiese sido doloroso para ellos.

“Estos 50 años de su presencia en este país nos hemos hecho socios y hermanos,  y este día nos regala una noticia hermosa, transformadora de la relación entre gobiernos y ciudadanos, y que se refiere a las disculpas que les pidió el primer ministro de Japón, Junichiro Koizumi, a los que llegaron a este país buscando sueños, y yo les pido excusas en nombre de los dominicanos por los sueños que no pudieron realizar”.

La semana pasada Koizumi pidió excusas a sus compatriotas radicados en el país por haber encontrado “una pesadilla  infernal”, en vez del paraíso prometido. En junio de este año una corte de Tokio rechazó una demanda de japoneses residentes en el país incoada al gobierno nipón, por las precariedades que vivieron en territorio dominicano.

Ante las disculpas de Koizumi desistieron del proceso judicial.

En representación del gobierno Jiménez manifestó que los japoneses radicados en el país todo lo que han hecho es decirle al pueblo dominicano cuál es el camino del progreso, cómo se consiguen las cosas honestamente, y el valor que tienen la disciplina y el tiempo.

“En estos 50 años de vida en este país, ustedes han trillado un camino de solidaridad,  y sus aportes van desde la agricultura, educación, la tecnología y la salud, por eso hay un lazo indisoluble entre nosotros”.