JCE: garante de la institucionalidad

Aunque indudablemente hemos avanzado en el ejercicio democrático, por razones de nuestra  idiosincrasia cada proceso electoral pone a prueba la robustez de los instrumentos de soporte de la institucionalidad democrática. En esa virtud, en razón de que debe ejercer el papel de garante de esa institucionalidad, es hacia la Junta Central Electoral a la que se dirige con mayor rigor la mirada escrutadora y crítica de las fuerzas sociales.

Nuestra vocación por consensuarlo todo, a veces a ultranza de lo que aconsejan la razón y los mejores intereses del país, motiva ese ejercicio crítico que tiene como objetivo focal al organismo que asume la gerencia del proceso electoral.

Es por estas razones que, una y otra vez, durante los procesos electorales se levantan voces de incuestionable autoridad, como la del cardenal Nicolás de Jesús López Rodríguez, que aconsejan a la JCE que actúe apegada a las leyes y sea eficiente en administrar justicia sin ceder a presiones o amenazas de las fuerzas políticas. De más está decir que son esas fuerzas políticas y -repetimos- la vocación por consensuarlo todo lo que nos  mantiene sin normas regulatorias que logren direccionar el ejercicio político hacia el afianzamiento institucional como uno de los puntales del progreso en todos los sentidos. La JCE tiene una responsabilidad crucial y debe esforzarse por salir airosa de la prueba.

 

Paz y seguridad alimentaria

El mundo atraviesa en estos tiempos una etapa de cambios adversos. El calentamiento global y sus consecuencias dramáticas, las alzas petroleras y modificaciones en los patrones de demanda y consumo están entre esos factores. La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) ha advertido que en muchos países, entre éstos Haití,  está muriendo gente en convulsiones sociales derivadas de la carestía y escasez de  alimentos.

La situación es inquietante y no se  vislumbra algún signo de alivio, pues la tendencia hacia el agravamiento está definida por las alzas petroleras y la agresividad climática. En esas circunstancias, la inseguridad alimentaria está comprometiendo de manera creciente la seguridad y la paz social en muchos lugares del mundo. Los gobiernos están llamados a maniobrar con acierto para lograr  que la seguridad alimentaria continúe operando como  un garante efectivo de la paz y el orden.