Jefe, lo esperamos con los brazos abiertos

Las relaciones fraternales del entonces “Benefactor de la Patria y Padre de la Patria Nueva”, Trujillo, con el Generalísimo Francisco Franco y Bahamonde, de España, alcanzaron su cenit con la visita oficial de Trujillo y su comitiva a España en 1953, ya que la República Dominicana, en la ONU, había sido la campeona exigiendo el ingreso de España a la Organización de las Naciones Unidas, donde se consideraba a este último país como fascista por las potencias victoriosas de la II Guerra Mundial.

El regreso triunfal de la visita oficial a España del hombre fuerte de San Cristóbal, Trujillo, provocó que se declarara de regocijo nacional, la fecha de su regreso a la República Dominicana, para recibirlo en su Fragata, en el puerto de Santo Domingo, todo el gabinete de los Secretarios de Estado de Frac, rindiéndosele los honores militares, habiendo ordenado Trujillo, desde alta mar que los funcionarios, tenían que recibirlo con guantes de cabritilla, regreso ese que generó numerosas anécdotas. Los guantes de cabritilla los vió Trujillo en España, donde el protocolo oficial de determinadas ceremonias, así lo exigía.

En la ciudad de Santo Domingo, entonces llamada Ciudad Trujillo, la cual recuperó su nombre en 1961, se habían acabado en las tiendas, los guantes de cabritilla y el Lic. Luis Julián Pérez, siempre recordaba que como no pudo comprarlos, dado que se habían terminado, apeló a su buen amigo, el Lic. Jesús María Troncoso, diciéndole “Jesús María, usa tú el guante de cabritílla en la mano derecha y préstame el guante de la mano izquierda, porque el Jefe exige que hay que recibirlo con guantes de cabritilla. Así, yo exhibiré mi mano izquierda con guante y tú te metes tu mano izquierda en el bolsillo y saludas al Jefe con tu mano derecha. Don Luis (Q.E.P.D.), siempre se reía a carcajadas cuando narraba esta anécdota.

Según rumores de la época , en esa visita oficial a España de Trujillo, cuando éste le cursó una invitación oficial al Generalísimo Francisco Franco, para visitar la República Dominicana, el hombre fuerte de España, había respondido: “Ay, Generalísimo, yo no tengo un hombre a mi lado como Anselmo Paulino”, lo cual habría sido utilizado supuestamente por los adversarios de este último, para intrigar con Trujillo, advirtiéndole que Anselmo Paulino, tenía ya demasiado poder. Anselmo Paulino, cayó en desgracia total, el 27 de agosto de 1954, siendo destituido de todos los cargos y funciones que ocupaba y hecho preso. Luego salió al exilio en Suiza.

Pero, el hecho fue en torno al regreso de Trujillo desde España, que el Partido Dominicano y el Gobierno, llenaron la ciudad capital, de letreros y cruza calles, dándole la bienvenida al “Perínclito Varón” de San Cristóbal, invitando además a la ciudadanía a ir al puerto de Santo Domingo, a recibir al Jefe. El superlativo perínclito, dicho sea de paso, era más que ínclito, cuyo significado según su raíz griega era ilustre, preclaro, esclarecido. Uno más de la hemorragia de títulos que recibió a lo largo de los 31 años de la “Era de Trujillo”.

La cuestión fue que en medio de la algarabía de recibir al dictador de San Cristóbal, el dueño de una popular funeraria de la capital de la República Dominicana, en uno de sus barrios populares, llevó su entusiasmo a confeccionar un cruza calle con la inscripción “Jefe, lo esperamos con los brazos abiertos”. Dada la naturaleza del singular negocio, el dueño del mismo fue a parar a la cárcel, ya que su cruza calle fue interpretado por el régimen, según la anécdota que circuló en esa época, como el deseo de esa empresa funeraria de poner al Jefe a hablar con San Pedro.