John Maxwell Coetzee, segundo premio Nobel de literatura surafricano

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J. M. Coetzee tiene de 64 años, reside en Adelaida, Australia, desde 2002 y se ha convertido después de Nadine Gordimer en 1991, en el segundo literato surafricano que consigue el premio Nobel de literatura.

El autor sueco Per Waestberg dijo en su presentación del autor de “Desgracia” que “imaginar lo inimaginable es la obligación de un escritor”, y agregó que él “penetra con su mirada las poses obscenas y la falsa pompa de la historia, dándole su voz a los silenciados y desposeídos”.

“Como un alegorista posmoderno, Coetzee sabe que las novelas que no intentan hacer una mímica de la realidad son las que mejor convencen de que la realidad existe”. Dirigiéndose a un inmutable Coetzee, manifestó que “su obra es limitada en número de páginas, pero infinita en su alcance”, y destacó que “usted puede haber abandonado Suráfrica, pero ésta difícilmente lo va a abandonar, y para la Academia Sueca las raíces nacionales son irrelevantes.

Todos sus libros dan la visión más cruda de Sudáfrica.

Su obra más relevante es “Desgracia” donde narra la vida de un profesor, David Lurie, que a los cincuenta y dos años tiene poco de qué enorgullecerse. Con dos divorcios a sus espaldas, apaciguar el deseo es su única aspiración; sus clases en la universidad son un mero trámite para él y para los estudiantes. Cuando se destapa su relación con una alumna, en un acto de soberbia, prefiere renunciar a su puesto antes que disculparse en público. Rechazado por todos, abandona Ciudad del Cabo y va a visitar la granja de su hija Lucy.

“En medio de ninguna parte” es la historia de una mujer en una remota granja de Sudáfrica. Magda es la protagonista de esta conmovedora historia que observa el paso de la vida como mera espectadora. Excluida, sin madre y apartada de las actividades que tienen lugar en su entorno, sufre, en el silencio del desierto, la tiranía de un padre que la condenó desde el momento en que nació mujer. Por eso es que se dedica a escribir en un cuaderno sus sentimientos y fantasías; es la vía de escape de una mujer inteligente. La vida de esta mujer, su existencia amarga e insignificante, cambiará radicalmente cuando su padre lleve a la casa a una nueva esposa. Este hecho pondrá de relieve la situación política del colonizador y el colonizado, así como la grandeza y soledad del continente africano.

En “Infancia” se narra la historia de un niño de diez años. Vive en Worcester, una pequeña localidad al norte de Ciudad del Cabo, con una madre a la que adora y detesta a la vez, un hermano menor y un padre por quien no siente respeto alguno. Lleva una doble vida: en el colegio es el alumno modélico, el primero de la clase; en casa, un pequeño déspota. Los secretos, los engaños y los miedos le atormentan; el amor por la granja familiar y por el veld, las desnudas mesetas sudafricanas, le arraigan a la tierra. J. M. Coetzee vuelca todas sus dotes de narrador y evoca su infancia a comienzos de los años cincuenta; una vida de provincias donde la inocencia está en su estado más puro y la violencia soterrada forman parte tanto de la propia historia como de la de Sudáfrica.

En “Juventud” evoca en forma de memorias su juventud, un período de aprendizaje en el que viaja desde su ciudad natal, Ciudad del Cabo, hasta Londres, a principios de los años 60. El narrador, estudiante de matemáticas e inglés, quiere ser escritor, y se marcha a vivir a Londres, huyendo de la situación claustrofóbica y compleja de Sudáfrica y de una serie de circunstancias personales negativas. En busca de una vida bohemia y llena de experiencias nuevas, el narrador verá frustradas sus esperanzas cuando entre a trabajar en una compañía informática.

“La edad de hierro” es una novela narrada en forma de carta que escribe la señora Curren, una profesora de latín que se está muriendo de cáncer, a su hija, quien se ha ido a vivir a América, huyendo del régimen sudafricano. La señora Curren confía dicha carta a Vercueil, un vagabundo alcohólico que vive al lado de su casa, entre un montón de cartones y con un perro. Entre ellos se ha establecido una relación muy especial, en la que la desesperanza y el sufrimiento conforman sus lazos de unión, el cuidado que se dedican será la salvación de ambos. La carta que escribe la señora Curren a su hija explica muy bien cuál es la situación que se vive en su país bajo el régimen del apartheid, consciente y asustada ante una época terrible; una edad de hierro en la que la violencia y la lucha se justifican de un modo irracional.

“La vida de los animales” recoge las Conferencias de la Cátedra Tanner del curso 1997 1998 pronunciadas por J.M.Coetzee en la Universidad de Princeton. Estas conferencias suelen tener la forma de ensayos filosóficos que exploran los valores humanos. En este caso, Coetzee cambió la fórmula poniendo sus intervenciones en boca de un personaje ficticio, Elizabeth Costello, una novelista australiana de edad que ha sido invitada a una universidad norteamericana para dar, ella también, unas charlas. La idea de la crueldad humana con los animales obsesiona a la novelista hasta el punto que le cuesta mirar a los ojos a sus semejantes. Los humanos, especialmente aquellos que comen carne, se aparecen ante sus ojos como cómplices de un crimen de magnitud escalofriante que tiene lugar en granjas y mataderos, en fábricas y laboratorios de todo el mundo.

“Esperando a los bárbaros” es una novela de clara intención moral: parábola de una Sudáfrica desquiciada por el racismo, toda ella es una denuncia de la brutalidad, de la arrogante ignorancia del poder; como contrapunto, el magistrado se erige en símbolo de la razón humanitaria, avasallada por una violencia inducida.

“El maestro de Petersburgo es la historia de un novelista ruso exiliado que regresa a San Petersburgo para conocer las circunstancias que rodean la muerte de su hijastro, Pavel. Acaba de publicar su última novela que se llama “‘Elizabeth Costello” En realidad es el “alter ego” del escritor.

En la novela, crea un personaje de ficción, una escritora que no existe, que ya había aparecido en algunas conferencias y que ahora toma cuerpo.

“Elizabeth Costello es escritora. Nació en 1928, tiene 76 años. Ha escrito nueve novelas, dos libros de poemas, un libro sobre ornitología y ha publicado bastante obra periodística. Es escritora de nacimiento. Nació en Melbourne y sigue viviendo en esa ciudad, aunque entre 1951 y 1963 pasó una temporada en el extranjero, en Inglaterra y Francia. Ha estado casada dos veces. Tiene dos hijos, uno de cada matrimonio.

El autor escribe de ella: “Elizabeth Costello saltó a la fama con su cuarta novela ‘La casa de Eccles Street’ (1969) cuya protagonista es Marion Bloom, la mujer de Leopold Bloom”. Elizabeth Costello, una reconocida y respetada escritora, viaja por el mundo dictando conferencias y concediendo entrevistas. Una mujer que dice lo que piensa, que no soporta la hipocresía y en la que muchos críticos y escritores han visto una reminiscencia del Quijote. Costello lucha en la sociedad de hoy contra los gigantes, ya que es una radical defensora de los vegetarianos, al igual que Coetzee. Incluso llega a decir que el holocausto judío no es nada comparado con el genocidio constante de los animales por parte de los hombres para comérselos.

Una posición que la lleva a ganarse la enemistad de gran parte de la población e incluso de su familia. Y una autenticidad inquebrantable que Coetzee ha plasmado en esta mujer indómita, que le devuelve al autor sus propias convicciones como si de un espejo se tratase.