Jorge Perugorría

En Cuba, su nombre está asociado al de un personaje muy querido y admirado, independientemente de la personalidad que adopte en los múltiples roles que le ha tocado interpretar. Bien puede ser un alegre homosexual, en “Fresa y Chocolate”; un camionero machista, en “Guantanamera”; un pícaro glotón, en “Lista de espera” o un atormentado “marielito”, en “Miel para Oshún”.

Jorge Perugorría vino al país invitado por los organizadores del Sexto Festival Internacional de Cine Santo Domingo 2004, dedicado a la memoria del fenecido artista dominicano Silvano Lora. Durante su estadía en tierra quisqueyana, el actor presentó el documental “Habana abierta”, el cual co-dirigió con el también cubano Arturo Soto. Este trabajo fue presentado anteriormente en el Festival Internacional de La Habana, donde ganó una mención como mejor documental.

El profesional de la pantalla grande nació en La Habana, Cuba, en 1965 y su trabajo como actor comienza con pequeños papeles en teatro y televisión. Salió del anonimato cuando en 1993, el director cubano Tomás Gutiérrez Alea, conocido popularmente como Titón, lo elige para que interprete a uno de los protagonistas de “Fresa y chocolate”.

Así, Perugorría hace su primera incursión en el cine con esta película y en poco tiempo se convierte en el actor más cotizado del cine cubano. Interpreta a Diego, un homosexual que intenta seducir a un militante de la juventud comunista y con el que acaba por establecer una gran amistad. Y aunque Diego lucha contra la intolerancia y a favor de la libertad en el régimen castrista, el filme va más allá y propone una reflexión sobre la incomprensión a todo lo que significa ser y pensar diferente.

Después de “Fresa y chocolate”, Jorge probó lo que todo artista anhela: el éxito y el reconocimiento del gran público, trayendo esto un cambio radical en su vida. Después de su excelente trabajo en el rol de Diego, recibe propuestas para encarnar otros roles en el cine internacional.

De origen español, Jorge Perugorría es el primer miembro de su familia que nace en La Habana, Cuba.

Este hombre, de penetrantes ojos verdes y aspecto viril, está casado con Elsa María, actriz junto a la que empezó su carrera teatral hace veinte años y con quien tiene cuatro hijos varones: Antoine, Andrews, Adán y Meny.

De sus dos décadas de trayectoria profesional, los primeros diez años los dedicó al teatro. “Han sido veinte años de mucho trabajo. De “Fresa y Chocolate” para acá, he hecho más de treinta películas”, comenta Perugorría.

Con un admirable portafolio profesional, el actor desea poder seguir la ardua tarea de trabajar en el cine cubano, tratando de estimular y apoyar a los jóvenes, en quienes ve a los nuevos cineastas.

Buena persona, cariñoso y atento con los amigos, Jorge interrumpe un momento la entrevista para despedirse entre besos y abrazos de unos colegas actores y cineastas de su país, que también vinieron al Festival Internacional de Cine Santo Domingo 2004.

Al regreso, se acomoda en una butaca frente a nosotros y nos dice: “Si algo me define es que todavía tengo la ilusión en cada película que hago, que para mí es como si fuera la primera”.

Una de las cualidades que más lo identifica es su gran respeto por los amigos. “Creo mucho en la amistad, tengo muchos amigos y me gusta compartir e intercambiar ideas con ellos. La amistad es algo maravilloso, sobre todo cuando está relacionada con gente que piensa como uno, que se identifica y que lucha por las cosas que lucha uno”.

Al preguntarle si se considera buen padre y esposo, responde de manera contundente que “eso tendrías que preguntárselo a mis hijos y a mi esposa”.

Es la primera vez que Jorge Perugorría visita la República Dominicana, pero afirma que tiene muchos amigos en el país y que siempre había querido venir, aunque no se había dado la oportunidad, debido a sus múltiples compromisos profesionales.

¿Qué es lo más importante para usted?, le cuestiono, y él responde: “Ser consecuente con uno mismo ya es un gran reto. Ahora bien, todo tiene su precio”.

Opina que la descomposición social es algo que “lamentablemente está acabando con nuestros países, en temas de corrupción, de decadencia. Ya son muchos años que la situación continúa igual y es un poco desalentador el panorama, por eso la gente está emigrando de nuestros maravillosos países. La gente se va y deja atrás su vida, su familia, su historia. Hay que tener fe en la juventud, que siempre es la que tiene esa fuerza transformadora que puede cambiar las cosas. Es lo único que uno tiene como esperanza, creer en los jóvenes”, afirma en tono seguro.

Cuando del tema cubano se trata, Perugorría defiende a capa y espada su nacionalidad y sus derechos. Por eso nos dice sin dobleces: “Como cubano tengo el sueño de que un día las cosas cambien para el destino de mi país. Que los norteamericanos levanten ese bloqueo y que nos dejen trabajar por una Cuba mejor, que es un derecho nuestro, sin injerencia de nadie”.

Como hombre sensible que es, Jorge cree en el ser humano. Comenta que todavía cree en el hombre, a pesar de ver todos los desastres que está causando. “Sigo creyendo en el hombre con un optimismo tremendo, porque a pesar de que hay algunos que hacen guerras, hay otros que hacen música, literatura y películas; mientras que otros son médicos, científicos y obreros, son gente maravillosa”, afirma convencido.

Este actor se aferra al amor libre, aquel que no necesita de un contrato para existir. Apuesta por el amor que se profesan las personas que viven juntas, que se acompañan, más que en el contrato del matrimonio, que considera algo burocrático, aunque admite que esa burocracia es importante como ente social.

Al respecto, nos dice que para él su familia “es fundamental”. Y es precisamente ese núcleo familiar que ha formado con Elsa, la mujer que ha sido su compañera desde hace dieciocho años, lo que constituye el eje y balance de su vida. “Elsa y yo compartimos un amor que no está jurado ante Dios ni ante nadie, es un compromiso entre nosotros dos”, comenta.

Asegura que aparte de su familia, el cine es la parte más importante de su vida, ya que a éste le dedica gran parte de su tiempo, trabajando no sólo como actor, sino también soñando y haciendo un estilo de cine nacional que los identifique, que luche por la identidad cubana y que hable de lo que son y de cómo viven en aquella hermana nación caribeña, de grandes hombres y mujeres llenos de talento e ideales.

De pronto, nos percatamos de que nuestro entrevistado comienza a sentirse más cómodo y relajado. Envueltos en el embriagante humo de un cigarrillo, surge la pregunta obligada: ¿Qué mensaje nos puede dar a los dominicanos que soñamos con producir un cine de calidad? A seguidas responde de manera firme que “lo primero que les diría es que uno no se puede sentar a esperar que venga un Presidente o un ministro de cultura que cree un instituto de cine, que les dé un presupuesto para hacer una película dominicana con un discurso de cine nacional. Posiblemente se les vaya la vida en eso. Los jóvenes que sueñen con eso, deben empezar a unir fuerzas con amigos, auxiliándose de una cámara digital y con historias bien armadas”, aconseja Perugorría con la fuerza y la sabiduría que sólo da la experiencia de veinte años de carrera y más de treinta películas realizadas.

La Habana, su punto

de referencia por decisión propia…

A pesar de tener una carrera muy internacional, la ciudad de La Habana continúa siendo y siempre será el punto de referencia y el hogar de Jorge Perugorría. El sabe que pertenece a un mundo especial, el mundo del cine, el mismo que cada vez más interesa a un mayor número de personas de todas las edades. Está consciente de que el llamado séptimo arte es también una gran industria que enriquece el espectáculo cinematográfico, pero opina que éste no debe estar basado tan sólo en la diversión, sino que cada producción debe dejar un mensaje.

Actualmente, el actor se encuentra haciendo una película con el director Humberto Solá, uno de los maestros del cine cubano, motivo por el cual tan sólo estuvo en el país dos días para agotar una amplia agenda de actividades de nuestro Festival de Cine. El nuevo filme se titula “Gente de Pueblo” y es la segunda parte de una trilogía. La primera película se llamó “Miel para Oshún”, y después rodarían la tercera y última parte que se llamaría “Los Inocentes”. Al respecto, el artista nos dice que son historias de la vida cotidiana de los cubanos de hoy día.

En 1993, el personaje de Diego en “Fresa y Chocolate” lo catapultó a la fama internacional, ¿Qué significó este papel para usted?

“Fresa y Chocolate” es un proyecto basado en un cuento de Senel Paz, un gran escritor cubano. La historia se llama “El Lobo, el bosque y el hombre nuevo”, el cual ha recibido el premio Juan Rulfo. Es un cuento maravilloso. Para mí, que era un joven actor, fue una responsabilidad tremenda, pues el tema es muy polémico e hicimos la película en una Cuba que estaba en plenos años 90, después de la caída del muro de Berlín y esos fueron años muy difíciles, por lo que hacer un filme que es un canto a la tolerancia, fue algo complejo pero que nos apasionó desde el principio”.

Del personaje de Diego aprendió a amar profundamente la cultura cubana, el respeto y valoración de importantes figuras de su cultura que por razones políticas habían sido rechazados e incomprendidos y muchas veces hasta negados. Diego, que era un amante de las artes, tenía una especie de altar de la Cubanía, donde rendía culto a personalidades como Lesama Lima. Según Jorge, a través de la película, los cubanos tuvieron un despertar. Aprendieron a respetar a las personas que son diferentes, y eso fue un gran logro, pues tradicionalmente, los cubanos habían vivido en una sociedad machista e intolerante con los homosexuales. “Lo interesante de “Fresa y Chocolate” es que no se cerraba en una defensa de la homosexualidad, sino que luchaba por un respeto y una aceptación de la diferencia, no solamente de los ”gays”, sino de las personas que son distintas en todos los sentidos”.

Quien le dió la oportunidad de protagonizar ésta, su primera película, fue Tomás Gutiérrez Alea, mejor conocido como Titón, el más importante cineasta cubano de todos los tiempos. Para Perugorría, fue a partir de ese trabajo que se le abrieron las puertas de otras cinematografías en el resto de latinoamérica, en España y en otros países de Europa.

Adentrarnos en la realidad del cine cubano de la mano de Jorge Perugorría, uno de sus máximos representantes, es un verdadero honor.

Nos cuenta que actualmente en la cinematografía de su país, como en toda la de latinoamérica, existe una batalla por la supervivencia. Según el actor, el cine cubano tiene una historia, una historia que lo apuntala, una historia creada por sus grandes cineastas, lo que se traduce en beneficio para las nuevas generaciones que encontrarán en este arte un oficio y un estilo de vida. Asegura que como ya existe un camino hecho, es una gran ayuda y además sostiene que debido a los problemas económicos que su nación enfrenta, los productores han encontrado en las co-producciones con otros países, una solución al problema de presupuesto del bien llamado séptimo arte, y Europa es su principal asociado. No obstante, otra manera de hacer realidad el cine nacional que empieza a surgir con mucha fuerza es el sistema digital. Para seguir contando las historias de un guión, cada vez son más los jóvenes que están usando este sistema, que resulta mucho más económico que el 35 milímetros.

En los inicios del cine latinoamericano, Cuba tuvo grandes ventajas respecto al resto de latinoamérica porque contó con el apoyo del Estado, situación que no se produjo en otros países. Fue allí, en la mayor de las islas del Caribe, donde se creó el Festival Internacional de Nuevo Cine Latinoamericano y que se ha convertido en el más importante de América Latina. También se creó la Escuela Internacional de Cine San Antonio de los Baños, lugar donde estudian personas latinoamericanas y del tercer mundo, además de los cubanos. Asimismo, hace poco tiempo fue fundada una Escuela Latinoamericana de Cine, Radio y Televisión, que sirve para proporcionar un alto nivel de formación a sus estudiantes. Este país socialista tiene la ventaja de que existen políticas que proporcionan un clima favorable para que las películas criollas tengan un espacio en los cines locales, debido a que los mismos son propiedad del Estado, de manera que estas producciones tienen su espacio asegurado. Es debido a esas circunstancias que los cubanos han aprendido a disfrutar, apreciar y amar su propio cine.

En cuanto al cine independiente, Jorge Perugorría opina que prácticamente es la única alternativa que tienen las personas que sueñan con hacer un cine de autor, diferente al que impone la gran industria. “Sucede que muchas veces esos mismos realizadores que se forman dentro del cine independiente, que hacen un cine artístico, más que un cine comercial, terminan trabajando en Hollywood, pero eso tampoco está mal, mientras no pierdan su identidad y que puedan combinar ese trabajo con la industria y seguir haciendo cine independiente. Pero sin duda, es el movimiento más importante dentro de Estados Unidos”, comenta el destacado actor y realizador.

A su juicio, el cine que se hace en Hollywood casi siempre tiene un objetivo comercial, cuyo único fin es el entretenimiento. “A mí realmente no me interesa el cine de Hollywood. Hay buenos directores, pero ese concepto de industria no tiene que ver conmigo. Me interesa mucho más el cine independiente dentro de Estados Unidos que la gran industria”, confiesa el artista cubano.

“Debido a varias razones, toda mi carrera la he desarrollado en el cine europeo y latinoamericano. Para un cubano que vive en la isla es imposible trabajar en Estados Unidos, por el bloqueo comercial. He tenido la gran suerte de vincularme al cine latinoamericano y ya me siento parte de ese cine, por todas las relaciones que he tenido en Argentina, Chile, Brasil, Colombia, Costa Rica y fundamentalmente en Cuba, además de Europa, y más que todo en España”, asegura.

De todos los roles que ha interpretado en la pantalla grande, Jorge confiesa que le tiene cariño a muchos de sus personajes, pero que es difícil comparar. “Uno las películas las hace siempre con la misma ilusión. Sin duda alguna, el más significativo es Diego en “Fresa y Chocolate”, no sólo por haber sido la primera película, y porque tuvo una repercusión internacional muy fuerte, sino porque ganó en el Festival de Cine de Berlín y fue nominada al Oscar como mejor película extranjera”.