José García Cordero y su  Landscapes en galería Lyle

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En 1977, José García-Cordero (1951) se traslada a París, entrando de inmediato en la Facultad de Historia de la Universidad de Vincennes. Durante más de tres décadas, la capital francesa ha sido su ciudad de poder. El espacio idóneo para ver cristalizar sus búsquedas creativas y merecer la atención como persistente representante internacional de la “Figuración Crítica” contemporánea.

Y resulta curiosa la “nota” de este dilatado y fructífero anclaje parisino porque, a diferencia de la mayoría de los artistas latinoamericanos que en esa época emigraban hacia Europa con la intención de “establecerse”, el “Chichi” dominicano no escogió París con ese propósito. “En ningún momento fui para ser artista. Yo me fui porque tenía unas ganas profundas de estudiar (y no estudiar arte solamente), sino historia, antropología, sociología, lingüística, filosofía, humanidades, que eran las cosas que más me atraían” (1999).

Hay que estar claro sobre el explotado cliché de “artistas de la Diáspora” con el que algunos historiadores, curadores y especialistas del arte latinoamericano contextualizan la obra de personalidades como la de García-Cordero. En este caso hay que hablar de un autentico “fugitivo”, de un artista que en los precisos instantes de la fuga  participaba de las elites culturales, de la joven “intelligentsia” dominicana de los 70, que estaba en pleno ejercicio de su carrera como arquitecto y que también era consciente del espanto autoritario que arropaba a todos los estamentos de la sociedad. Así las cosas,  “aquí ya no había nada que buscar”. 

Los años 70 del siglo XX  constituyen un periodo de férreas dictaduras militares e ilustradas en muchos países de América Latina y el Caribe. Es la década de los “exiliados políticos”, de los fugitivos que saltan sobre la miseria espiritual; sobre  los “malos olores” y dolores en la trágica atmósfera tropical de la insularidad. Al mismo tiempo, en Europa, son los años apoteósicos de  las izquierdas, el anarquismo, la “contracultura”, el pensamiento posmoderno, la juventud universitaria, la transvanguardia artística  y los “intelectuales revolucionarios”. Pero, Europa fue también el oasis de la libertad de acción, pensamiento e imaginación para muchos exiliados, autoexiliados, nuevos nómadas o fugitivos del espanto latinoamericano.

En este contexto, la Facultad de Humanidades de la Universidad de París-Vincennes- era considerada como una de las facultades más “calientes” del continente por  las acciones políticas y cuestiones ideológicas, estéticas o filosóficas que desde allí se desarrollaban y difundían.  Y, precisamente, de ese ambiente de tantas banderas, ideales  y vanguardias en crisis que no excluía el abrazo caluroso ni la práctica espiritual de la fraternidad, participaba el “fugitivo iluminado” Chichi García-Cordero, estudiando, debatiendo y compartiendo con los máximos exponentes del “estructuralismo”, el “neopsicoanálisis” y los “nuevos filósofos” franceses. Así que, no hay dudas de que en esta etapa universitaria parisina García-Cordero obtiene una experiencia cognitiva que subyace poderosamente en la carga existencialista de su imaginario poético-pictórico.

Después de tres décadas de volver y partir siempre hacia París, García-Cordero ha estado recientemente en Santo Domingo con motivo de la apertura de una importante muestra a la cual le ha puesto el introspectivo titulo de “Landscapes Post-publicitarios” (Lyle O. Reitzel Gallery, 05/2009). Sobre las claves de estos paisajes alucinantes y todavía más alucinógenos, es él mismo quien nos advierte: “Después de lo publicitario (de la función publicitaria, de la existencia publicitaria), tenemos que escondernos. Después del mensaje, de la inducción, de la incitación, sólo queda “salvarnos”, obrar con sigilo en busca del aire que lleva la vida, de la soledad sabrosa, de lo umbrío como promesa…En el paisaje post-publicitario vive guarecida la virgen de la alegría, que huye del mundo. Pintar estas cosas es una delicia”.

En su intensa trayectoria, José García Cordero ha llegado a plasmar con singular rigor y virtuosismo uno de los universos visuales más sugestivo  e inquietante del arte latinoamericano de la actualidad.  Él  procede siempre con su humor cáustico, ironizando con notable originalidad y lucidez en torno a la historicidad, las mitologías identitarias y las circunstancias trágicas del sujeto en una sociedad frenéticamente abismada en los ritos cotidianos del terror, la violencia, la doble moral y la corrupción política.

…“Soy así el único actor en mi comedia. Hago todos los papeles (asumo todos los roles: yo soy el perro desollado, el mataperros de Gazcue, el tarro burlón, la naturaleza muerta y rediviva y, entre lo absurdo y lo irónico, pretendo reírme de todo, incluso de la imagen lamentable y ridícula del yo apocado, degradado que vive de pasear perros en Nueva York, en días en que el hombre me resulta odioso y el trato social insoportable”. (García-Cordero, 2007).

En “Landscapes Post-publicitarios”  registramos un cuerpo de 22 pinturas en  acrílico sobre lino en el que resaltan trabajos de una fuerza atractiva impresionante como los titulados “Bajo Bosque verde” (2009; “Ojitos” (2008); “El sueño de García Márquez II” (2009); “Paisaje con perros” (2004-2008); “Bajo Bosque seco-Desiderio-” (2009); “Marina Clara” (2008); “Palma Sola”;  “El tronco de Montecristi” y “Paisaje de Auvernia”(2009).

 En su producción de la última década, aborda una extraordinaria diversidad de temas relacionados con la cultura, el ecocidio y las contradicciones sociopolíticas en el Caribe contemporáneo. En estas pinturas “aparecen” imágenes subversivas; bestias y seres aterradores; transfiguraciones y sombras siniestras “acechando” constantemente al espectador.  En otras se instalan “paisajes” y espejismos movedizos;  territorios y árboles calcinados; bosques nocturnos ardiendo bajo rojas llamaradas; espacios “destructivos” de la razón que operan como memoria dolorosa, “naturalezas vivas” o terribles encarnaciones de nuestras incertidumbres, otredades y devastaciones ontológicas.

Premios

José García Michel

Nace en el 1951  en Santiago de los Caballeros, República Dominicana. Vive y trabaja en Francia desde el 1977. Premiado  Premio Dibujo, Bienal de Artes Visuales, Museo de Arte Moderno, Sto Dgo, R. D.1979. Premio Noviembre a Vitry, Vitry-Sur-Seine, París (1991). “Medalla de Oro”, I Bienal del Caribe y Centroamérica, Museo de Arte Moderno,  1996.