José Rafael Lantigua
acercándose a hora 0

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MARIVELL CONTRERAS
En tres días el país le da apertura a la mayor fiesta cultural del país, la onceava edición de la Feria Internacional del Libro de Santo Domingo, dedicada esta vez al historiador Emilio Rodríguez Demorizi y con los Estados del Caribe como invitados de honor.

Esta gran fiesta cultural  se ha convertido en un referente internacional de feria, tanto que hoy es considerada como uno de los 10 mejores festivales culturales de América Latina.

Esto coloca a la secretaría de Cultura y a su cabeza, el escritor y poeta José Rafael Lantigua, como protagonistas de este evento que concita cada año a más de un millón de visitantes a la Plaza de la Cultura.  Estas buenas razones, justifican este encuentro.

¿A qué edad se dejó seducir por la lectura?

Creo que muy temprano, 10 ú 11 años tal vez. En mi casa materna, en Moca, siempre hubo libros. Mi madre ha sido lectora permanente de diarios y revistas –todavía lo es, en plena lucidez, a sus casi 88 años-, y en un tiempo también de algunos libros. Comencé leyendo pues muy temprano, todo lo que encontré en casa, desde la revista Billiken, los libros de Aurora Tavárez Belliard, el Ariel de Rodó, entre otros, menos los de Vargas Vila, que mi madre nunca me los permitió leer, y aún no los he leído.  Luego, en la biblioteca municipal de Moca, que era muy buena sin tener muchos libros, pero sí los clásicos universales y dominicanos, entré en una etapa de maduración como lector. Ya eso fue cuando había pasado los 15 años de edad.

Ese primer encuentro y el seguimiento lo llevaron a conducir los destinos culturales del país, ¿es así?

No puedo decir eso. La lectura como vocación se desarrolla para recibir conocimientos, no para aspirar reconocimientos. También como simple disfrute. “La hora 25”, de Virgil Gheorghiu, o “La madre” de Gorki (que mi madre leyó primero que yo), me marcaron como lector. Sigo dando seguimiento a esa tarea iniciada hace tantos años, tarea que no concluye hasta que se pierde la memoria.

Una buena reflexión para los que todavía piensan que la lectura amema, ¿tienen salvación?

Ese juicio no merece ninguna atención. Los grandes líderes nacionales, Bosch, Balaguer, Peña, Leonel Fernández, han sido o son grandes lectores. Y todos pueden comprobar la diferencia con aquellos líderes que no han sido o no son lectores. No hay cosa más triste que ver a tanta gente que opina, que escribe incluso en los medios, que desean ser líderes y que no son lectores. Los errores de percepción, de solidez argumental, de dominio de la palabra, resultan demasiado evidentes. Incluso, hay escritores (¿) que no leen con asiduidad. ¿Cómo pueden ser algún día escritores de reconocimiento? 

Para mucha gente la feria es una cosa muy seria y ahora somos convocados a reírnos en el Pabellón del Humor, ¿qué le han dicho los doctos?

El humor es un componente de nuestra cultura. Mario Emilio Pérez va a ofrecer una conferencia en este pabellón sobre el tema “Los dominicanos somos todos humoristas”. Nunca se ha tomado en cuenta este aspecto. Y sucede que el humor es parte esencial de nuestro ser nacional. ¿Por qué ignorarlo? ¿Es malo reír? ¿Es anticultural? Freddy Beras Goico o Luisito Martí tienen más influencia social, y moldean mejor el carácter cultural dominicano, que cualquier escribano o líder de opinión.

He dicho incluso que el libreto de humor es la literatura más atrevida, deshinibida y alegre que existe en nuestra cultura. El humor tiene pues que tener su lugar en la Feria, y de ahí la idea de vertirlo a raudales en la edición de este año. Cuando concebimos la idea, decidimos buscar a Carlos Alfredo Fatule para coordinar el Pabellón y creo que el éxito de esta propuesta ferial tan novedosa será inolvidable. Por cierto, ¿cuáles son los doctos? ¿Acaso hay sabiduría  mayor, más actualizada y punzante, que la de Balbuena, Morrobel o “Johannes” Burgos?

Es la primera feria que se le dedica a un historiador, ¿tiene algún mensaje especial esa elección?

Una dedicatoria ferial no conlleva más mensaje que la que otorga el reconocimiento. No importa si se es poeta, narrador, ensayista o historiador. Todo tiene su tiempo y su momento. Anteayer, el narrador Marcio –que es también un poco o mucho de todo-, ayer el poeta Mieses Burgos, hoy el historiador Rodríguez Demorizi, el autor con mayor cantidad de libros publicados en nuestra historia cultural. Un homenaje que hacía falta, una deuda que se hacía urgente saldar. La historia es, por cierto, el género que convoca la mayor cantidad de lectores en nuestro país.

Dedicada a los estados del Caribe, esta feria nos plantea un problema de idioma, ¿habrán traductores?

Anticipamos una gran fiesta. Estamos cumpliendo un deseo que data desde 1998, cuando se inició la versión internacional de la feria del libro. Al fin, vamos a cumplir ese objetivo. Los caribeños vivimos de espaldas unos con otros. No sólo somos nosotros, somos todos, unos con otros, nos desconocemos. La cultura, la lengua, nos dividen. Nos baña el mismo mar, pero las geografías son distantes. No es fácil determinar este encasillamiento: caribeños. Pero, eso es harina de otro costal. Lo importante es que iniciemos ese punto de contacto que debe unirnos. Y la cultura y la literatura son ahora esos medios. Anglófonos o francófonos no tendrán problemas. Habrá facilidades para entenderlos y apreciarlos.

¿Qué otros atractivos le aportan los isleños a esta feria internacional del libro?

El Caribe son las islas y son muchos otros países. México, Colombia, Venezuela, son parte del Caribe. Las islas, con su habla, con su cultura tan atractiva como variada, con su “salsa” aportarán todo lo que tienen de maravilloso y que nosotros tal vez no conocemos en toda su dimensión. Hablo de literatura –Walcott, Cesaire, tantos-, hablo de música, de saberes, de sabores,  de tradiciones, de diversidad. Una fiesta sin dudas.

Entre nos, con tanto seguimiento y supervisión, ¿le ha dado tiempo para escribir el discurso inaugural?

Nunca lo escribo hasta el mismo día. Siempre escribo bajo presión. No puedo preparar un discurso con días, con semanas de antelación. El 21, a las 5 de la mañana, estoy frente a mi ordenador, en mi biblioteca en casa, y en tres horas ya está todo listo. Es mi forma. Me están insistiendo que lo trabaje con varios días de anticipación para poder preparar unas imágenes que acompañarán mis palabras, pero se me hace difícil hacerlo. Ya veremos.