Jóvenes negros ven sus vidas destrozadas por la violencia en EEUU

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WASHINGTON,(AFP).- En 1998, Ismael Watkins iba caminando por la calle cuando una bala lo alcanzó en el cuello. Nunca más volvió a caminar. Hoy, con 33 años, depende de una silla de rueda y recuerda como si fuera ayer el momento que cambió su vida.

“Escuché el disparo, me dio en el cuello y otro más rozó mi cuello”, dijo Watkins a AFP, para describir cómo cuando tenía 18 años y acababa de ser padre, su vida se torció. Esta historia no es única, ya que cada año miles de jóvenes negros en Estados Unidos son heridos o mueren por armas de fuego en Estados Unidos.

Según un informe de la organización Children’s Defense Fund, de 2012, el homicidio por armas de fuego fuer la principal causa de muerte entre los jóvenes negros de entre 15 y 19 años, que además tienen 8 veces más probabilidades de ser víctimas de estos ataques que los jóvenes blancos.

Desde 1979, 44.038 niños y adolescentes negros han muerto por armas de fuego, casi 13 veces más que el total de víctimas de homicidios de todas las edades en este grupo étnico ocurridos desde 1882 y 1968, según los registros de esta asociación.

Recientemente un tiroteo acabó con la vida de una niña negra en Chicago, unos días después de que la chica participara del acto de inauguración del segundo mandato del presidente estadounidense Barack Obama.

El ataque agudizó las posiciones sobre el tema y el debate político sobre cómo reducir las muertes por armas de fuego en Estados Unidos. Para Watkins es reconfortante asistir todos los martes a las reuniones de un grupo de terapia del Hospital de Rehabilitación MedStar en Washington. Otros miembros del grupo de ayuda a personas con discapacidad adquirida por ataques violentos tienen historias parecidas para contar.

Uno de ellos es Kwame Dew, de 38 años, que fue tiroteado hace 13 años cuando iba saliendo de un club nocturno.

“Lo único que recuerdo es … que me desvanecí, luego que estuve en el hospital y no podía hablar, no podía hacer nada”, dijo. Por su parte Corie Davis quedó cuadraplégico cuando un desconocido le disparó en el cuello el 30 de agosto de 1999. “No sé quien es la persona que me disparó”, expresó Davis, ahora de 33 años. “Siempre pensé que estaba en el lugar equivocado en el momento equivocado”.

Para David Cole, profesor de Derecho en la Universidad de Georgetown, la realidad de Watkins y de sus compañeros del grupo de apoyo, alumbra la verdadera cara del problema de la violencia en Estados Unidos, donde la constitución garantiza el derecho a la tenencia de armas.

Mientras la opinión publica se centra masacres como la ocurrida en Newtown en diciembre pasado, que causó 26 muertos en una escuela primaria, además del autor del ataque y su madre, también abatida por él, “esta no es la generalidad de la violencia por armas en Estados Unidos, explicó Cole.

“Esta realidad se concentra en las zonas marginales, entre los pobres y las víctimas son negros e hispanos muy jóvenes”, dijo.

Entre 1980 y 2008, según los datos de la Oficina de Estadísticas de Justicia (BJS, por sus siglas en inglés), los negros están representados de una forma desproporcionada tanto como víctimas y como atacantes en los casos de homicidios.

Los datos muestran que tienen una probabilidad seis veces mayor de ser víctimas de un homicidio que los blancos, y son siete veces más propensos a convertirse en homicidas que los blancos. Según un reporte reciente del Centro de Políticas contra la Violencia (VPC, por sus siglas en inglés), que analiza datos de 2010 del FBI, los negros, que ese año representaron un 13% de la población estadounidense, fueron el 49% del total de víctimas de homicidios.

En los casos en los cuales se pudo identificar el arma, un 83% de las víctimas negras parecieron a causa de un arma de fuego. En total 6.469 negros perecieron por homicidios ese año. Las golpeadas comunidades negras de Chicago y de Baltimore se han movilizado y han lanzado programas de prevención.

Pero, según Cole, la mayoría de los estadounidense no se preocupan por este tema.

“No viven en estas zonas marginales, se tiende a mirar para el otro lado y no preocuparse del tema”, agregó.

Para Samuel Gordon, un psicólogo que trabaja con el grupo de terapia al cual acude Watkins, las víctimas proceden son mayoritariamente de familias y barrios pobres, que o abandonaron sus estudios o no recibieron una educación de calidad.

El profesional afirma que el combate del problema tiene que ser una lucha colectiva y centrarse en la educación. Por su parte Dew, ruega a sus tres hijas que se mantengan alejadas de las armas.