Jóvenes venden drogas aliados a vecinos, agentes

POR FERNANDO QUIROZ
El comercio y consumo de drogas en el Distrito Nacional y Santiago conforman una subcultura de supervivencia y convivencia tensa entre delincuentes y comunitarios que les lleva a establecer un “código del silencio”, advierte el informe del Plan de Seguridad Democrática. Igual pasa, añade, entre  comunitarios y agentes del orden, entre éstos y los delincuentes y entre los propios perpetradores.

Por falta de oportunidades, adolescentes y jóvenes del barrio se involucran en el tráfico y venta de drogas de manera estable o esporádica por ser la actividad que da dinero rápido.

También, añade el informe, les permite subsistir y generar dividendos materiales visibles en ropa, celulares y artículos de lujo.

Frente a la violencia proveniente de grupos ligados al microtráfico de drogas, la población percibe menor control por parte de la Policía, Fiscalía y Dirección Nacional de Control de Drogas (DNCD).

“Hay un narcotraficante aquí en Capotillo que patrocina una liga de pelota (compra uniformes), eso da vergüenza, que tantos millones que se gastan los políticos en promover campañas…”, expresó una persona identificada como GFJ.

Y agregó: “… la drogadicción, porque a veces hay juventud que llega a vender drogas en una esquina porque el gobierno no incentiva a la juventud a que aprenda un oficio, si hubiera una escuela laboral aquí en Capotillo”. 

En tanto, muchos otros jóvenes valoran como única alternativa para su futuro “engancharse” en la Marina de Guerra, el Ejército Nacional o la Policía.

El Plan de Seguridad Democrática fue entregado hace unos días al presidente Leonel Fernández por el secretario de Interior, Franklin Almeyda; el procurador general, Francisco Domínguez Brito y el jefe de la Policía, mayor general Manuel de Jesús Pérez Sánchez.

Establece las estrategias para reducir la delincuencia en el país con la participación de agencias estatales, sector privado y social. También, con asesoría internacional.

Las percepciones y expectativas sobre la seguridad en barrios del Distrito Nacional y Santiago fueron el resultado de un estudio realizado por la consultora Newlink Political, de Miami, con la participación de  la experta Lilian Bobea. 

Hay una percepción de que se ha incrementado el tráfico y venta de drogas en los barrios de esta capital como Villas Agrícolas, 24 de Abril, Capotillo y Gualey.

PROBLEMA DROGAS

El tráfico de droga es reportado como el delito más pronunciado en Santiago, especialmente en barrios de Santiago como La Joya, La Yagüita de Pastor y Cienfuegos. En el Distrito Nacional, agrega, el problema se ha agudizado, principalmente en Capotillo.

Se identifica el vínculo de la compra y venta de drogas a otros delitos como los atracos o el robo como forma de obtener dinero para poder adquirirla, así como las relaciones con delincuentes de otros barrios aledaños.

“Los tígueres de antes protegían a uno, los del barrio barrio…pero ahora no les importa darle un golpe, no respeta a nadie”, manifestó GFM en Gualey.

MICROTRÁFICO

En el microtráfico de drogas se vinculan a “tígueres” y a policías.

“Microtráfico de cocaína, marihuana y crack, sustentado en la existencia de pandillas con liderazgo adulto que incorpora adolescentes como “caminantes” o “mulas”.

Se observan desacuerdos porque  la Policía exige a residentes denunciar a los vendedores de drogas y los puntos de ventas, pero los residentes lo consideran una responsabilidad de los policías.

DELIMITAN TERRITORIO

El informe señala que los puntos de venta de droga definen las fronteras al interno del barrio, las redadas policiales delimitan el barrio del resto de la geografía que los circunda, aislándolos. 

“Esta situación impide a jóvenes estudiar en la tarde/ noche y los obliga a tener que salir del barrio para divertirse en horarios de matinée”, añade.

Advierte que el temor, lejos de incentivar el espacio organizativo y de socialización, contribuyen a su desintegración.

Se observa, indica, un deterioro creciente en los lazos articulares intra-familiares e intracomunitarios. Cita que los espacios organizativos barriales son ahora más precarios que antes, pese a mayores retos y necesidades.

EMPLEO

Entre los factores de riesgos y necesidades relacionadas con la inseguridad en el barrio mencionan la discriminación y exclusión social por pertenencia al barrio, como factor limitante para acceder al empleo.

“…que cuando ya ven los documentos (currículo), que ven que uno es de Capotillo, de Las Cañitas, Gualey o Guachupita, de cualquier barrio, lo que quieren es no darle empleo a uno y eso es lo que hace que la juventud de hoy crezca a nivel de tigueraje”, expone el informe en base a testimonio de personas de los barrios.  

ESTIGMATIZADO

Los residentes en los barrios más azotados por la delincuencia se sienten estigmatizados por la sociedad, los medios de comunicación y las instituciones del orden, agrega el estudio.

“Aún cuando sean de bien vivir o gente decente, experimentan un conjunto de sentimientos de frustración, desconfianza, temores y desprotección”, añade.  Identifican la prensa como un factor que promociona esa negativa del barrio, pero no publica las actividades y logros positivos que alcanzan sus residentes.

Ponen como ejemplo, que una joven de segundo año del liceo de Capotillo reconocida por la Secretaría de Educación por ser ganadora de un concurso en el área de física, química y matemática y ningún medio de comunicación lo difundió.