Jóvenes y sexo: tema delicado

¿Puede permitirse que los niños y adolescentes continúen llegando a la mayoría de edad sin estar dotados de información valiosa para el dominio saludable de su cuerpo y emociones? Existe un vacío que debe llenarse a plenitud. Aquí deben generalizarse en corto plazo programas de impartición docente que aun con diferencias de matices en función de convicciones, respondan al objetivo común de dotar desde temprano a los individuos de criterios que les alejen de prácticas sexuales prematuras, de enfermedades transmisibles y de embarazos no deseados. Debe masificarse un aprendizaje que refuerce valores y subordine conductas a la inteligencia y a los sentimientos.

Basado en principios, religiosos o no, pero orientados al objetivo de evitar que la relación sexual persiga el placer sin raciocinio, solo en atención a los apetitos. Por las escuelas debe fluir una educación sexual funcional, orientada a preservar la salud y a motivar conductas responsables en la vida juvenil y en la que viene después. Sin distanciarse del esquema de valores que caracterizan a la familia tradicional a la que muchos debemos una formación que ha servido de mucho. Sin barreras legales causadas por una única visión de la existencia. El debate en torno a la posible ley de salud sexual y reproductiva a tomar en cuenta para la educación debe conducir eclécticamente a un texto aceptable en su forma y en su fondo para toda la sociedad.

El dengue bajo escaso control

Que en un año de aguda sequía se triplique el número de víctimas mortales del dengue habla muy mal de la prevención y la atención en materia de salud. Es cierto que almacenar agua en hogares para aliviar la escasez puede multiplicar el mosquito vector de la enfermedad que solo es mortal cuando no se diagnostica y combate con sentido de oportunidad.

Pero un elevado porcentaje de la población pobre está muy expuesta a males porque el gasto público en salud, de solo un 1.6% del PIB, se va casi todo en curaciones y no en contrarrestar las causas de la morbilidad y mortalidad. Tampoco se invierte lo suficiente en preparar al personal hospitalario y dotarlo de herramientas para que trate con rigor científico a los pacientes mientras se retrasa la instauración plena de la atención primaria.