Juan Linares
Padre espiritual de muchos niños dominicanos

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POR CLARA SILVESTRE
Un niño toca a su puerta y le pregunta ¿Usted es Don Bosco? El padre Linares le sonríe y el niño a seguidas le expresa: “Yo quiero dormir con Usted”. La verdad era que estaba seguro, que allí encontraría su tabla de salvación, porque su realidad, a parte de que diambulaba por la calle, era también que, llegada la noche, tampoco tendría dónde dormir.

Experiencias como éstas ocupan gran parte de la vida del padre Juan Linares, quien desde que se ordenó sacerdote en su país natal, España, se encuentra en el país, involucrado en la dirección de los diversos proyectos que componen Muchachos y Muchachas con Don Bosco.

Es así que, aunque no ha tenido ningún hijo biológico, la vida se ha encargado de hacerlo sentir padre en grado superlativo. Durante estos 30 años de hermosa labor, ha acumulado experiencias extraordinarias, las cuales ha vivido intensamente, porque en realidad muchos niños han podido rescatarse de la calle y encaminarse por el camino del trabajo, el esfuerzo y la honradez, pero también reconoce que otras no han sido tan satisfactorias, a pesar de los muchos esfuerzos, las que le han dejado marcas imborrables.   

“Realmente uno se siente padre de estos muchachos, porque paternidad es sobre todo capacidad de engendrar vida y no solo biológica, sino de desarrollo de vida, y definitivamente, estos proyectos son paternales. Y la paternidad, tiene además del componente afectivo, el que sabe marcar, guiar… y la paternidad que viene ejercida con estos muchachos tiene repercusiones extraordinarias que los lleva a la vida, incluso la paternidad biológica que le puede haber fallado o que no ha sido muy rica se puede complementar fácilmente en estas instituciones”, dijo.

Para el padre Juan Linares esta ha sido una experiencia muy hermosa, que se concretiza cuando estos niños y jóvenes le abrazan, le preguntan o le muestran una verdadera confianza, porque muchas veces alcanza a suplirles muchas carencias, lo que considera realmente valioso y enriquecedor.

Asegura que el Día del Padre es momento oportuno para tomar conciencia de la importancia de la paternidad, y la responsabilidad que implica ser papá, a fin de que se cuente con más hombres con vocación de padre que se preocupen de sus hijos, que los eduquen en valores y que les den un buen testimonio.

“Realmente es una vocación muy hermosa, y ser padre no se llega por casualidad, sino por vocación, por lo que el Día del Padre y también de las madres son hermosos especialmente para los que se sientan responsables de lo que esto significa. También decirles que tenemos un modelo de paternidad muy hermosa que es Dios, por lo que un gran reto para los hombres que somos padres, es asemejarnos a Dios en lo bueno, en la bondad y todo lo positivo”.

30 años de trabajo

30 años han pasado luego de su llegada al país, y desde entonces se encuentra en la Parroquia María Auxiliadora, a la cual llegó para trabajar especialmente con jóvenes a través de un centro juvenil de capacitación, a fin de que éstos en su tiempo libre ocupasen sus inquietudes en algo positivo y se despertara en ellos aspectos como el compromiso, la solidaridad, entre otros valores.

A excepción de 7 años, que fue encargado de las obras Salesianas en las Antillas, su vida ha transcurrido a cargo de la dirección de Muchachos y Muchachas con Don Bosco, donde no solamente han concebido esto como una forma de ayuda, sino que han buscado la manera de crear proyectos para que se le pueda dar seguimiento a todos esos niños de tantos barrios aledaños, y en donde puedan moverse a la liberación, ir a la escuela y contar con un centro de recreación y capacitación.

De esta forma fue que surgió Canillitas con Don Bosco, proyecto que sirvió para que se creara Muchachos y Muchachos con Don Bosco, ya como una red de proyectos; Canillitas forma parte de los doce proyectos que se desarrollan.

Los sueños del padre Linares irían, como expresó: “en la medida que el país progresase para que no hubiesen niños de la calle, ni trabajadores, que tuviéramos un desarrollo suficiente para que el niño pueda ir a la escuela y dársele más calidad de vida. Que no fuesen necesarios estos programas, porque mientras son necesarios está indicando una sociedad no organizada, que no ha logrado las metas en las personas”.

Mientras esto ocurre, su sueño se centra en que puedan seguir creciendo y  haciendo más bien no solamente en cantidad, “que a veces son las cifras que nos impresionan, pero una sola persona merece la pena de todo un esfuerzo, pues cuando una persona que se le ha vuelto a la vida, y con ello la alegría y se siente feliz, su vida tiene un sentido.

La violencia

Indicó que la violencia es una consecuencia de una sociedad desestructurada o en problemas, y para corregirse hay que ver como se arreglan las estructuras, no solamente con operativos o respuestas que pueden ser buenas, pero que son complementarias, pues lo principal es que nuestros procesos educativos funcionen, que nos capaciten primero como verdaderamente humanos, para tener una moral y cultivar el concepto de respeto a la vida, y eso se imparte fundamentalmente en la familia, con entidades de este estilo, las escuelas, la comunidad.

Considera que las últimas medidas tomadas por el gobierno para combatir la delincuencia pueden ser buenas, pero son insuficientes, “ciertamente esto de la agresión y la violencia es cosa de todos, a veces vemos que nuestros gobiernos no acaban de resolver, y debemos preguntamos si no tendremos otros mecanismos para ayudar y resolver, creando movimientos de tipo social que verdaderamente ayuden. Estoy convencido de que la pobreza extrema de un pueblo, la podemos resolver nosotros siendo solidarios, hace falta que como sociedad seamos más justos y equitativos, y que practiquemos la solidaridad”.

 “Mi mayor satisfacción es hacer algo motivado por el amor, la alegría y el sentido de la vida, en beneficio de todos. Como salesiano me apasiona mucho la juventud, porque creo que como ellos están en el momento crucial de su vida, encontrar un amigo o padre, es muy bueno para ellos”, dijo.

Desde los 20 años, el padre Juan Linares anda en lo que se conoce como vocación misionera, de ahí que se preocupe por haber sido una persona útil para los demás. Desde pequeño se encunó en él ese deseo de hacer algo para que la gente pueda vivir mejor, especialmente cuando veía en revistas o escuchaba de niños y personas que sufrían demasiado, luego fue creciendo un deseo enorme por trabajar en donde lo necesiten, constituyéndose con el tiempo, en la realización de su propia vida.