Juan Luis presentó miniconcierto   privado en Los Angeles

La noche del miércoles, Juan Luis Guerra ofreció uno de esos conciertos privados que tienen carácter exclusivo (los boletos fueron distribuidos gratuitamente a escuchas ganadores de la estación radial KLVE (107.5 FM), lo cual normalmente significa que el local es mucho más íntimo que los escenarios gigantes donde suele actuar el artista.

Esta clase de presentaciones tienen ventajas y desventajas. El problema mayor suele ser que, debido a que no suponen costo alguno para el asistente, son muy breves.  El lado positivo para quien no desee ahondar en el repertorio menos conocido del que se presenta es que la brevedad obliga a que se trate de un show de grandes éxitos, interpretados de manera casi fiel a lo que se escucha en los discos, sin los arreglos o improvisaciones que se generan en un concierto más largo. De ese modo, durante su ofrenda musical el miércoles en el Avalon de Hollywood, el cantante dominicano fue directo y al grano, presentando casi siempre piezas que han sido ya coreadas y bailadas en numerosas ocasiones por quienes llenaban el auditorio.

Claro que dejó también espacio para dos composiciones extraídas de su más reciente álbum,  “La llave de mi corazón”, aumentando con ello el carácter de exclusividad del show, porque dichos temas no se habían interpretado aún en vivo en Los Ángeles y sus alrededores.

Pero lo más interesante fue que, además de que su presentación duró casi una hora, Guerra acudió a la cita en compañía de más de 20 artistas, entre instrumentistas, coristas y bailarines. Aunque los danzantes participaron de manera esporádica en la faena, el tabladillo del Avalon se encontraba completamente ocupado por una sección de cinco vientos, tres coristas, cinco percusionistas, dos tecladistas, un guitarrista, un bajista y un baterista.

Esta generosidad escénica hizo que la sesión musical adquiriera características particularmente festivas, a pesar de que los temas se interpretaron sin variaciones ni extensiones significativas.

El show se inició con “La llave de mi corazón”, cuyas estrofas fueron entonadas por Guerra con una tendencia aparentemente inspirada en el hip-hop. Pero, por lo general, la propuesta no fue nunca arriesgada; Juan Luis se dedica básicamente a complacer a la audiencia y para ello apela a una fórmula que vuelve semejantes todas sus piezas de tendencia merenguera.

Esto no le quita a sus canciones el espíritu bailable y gozoso que las ha caracterizado siempre, pero lleva a pensar en las posibilidades artísticas que tendría el cantautor dominicano si no estuviera tan empeñado en hacer música completamente comercial. El show del Avalon se dividió esencialmente en merengues y bachatas, los dos géneros predilectos del afamado músico, aunque ambos vengan siempre fusionados con elementos del pop y de la salsa.

En el plano merenguero se escucharon viejos éxitos como “A pedir su mano” y “Visa para un sueño”, a los que sumaron dos piezas más recientes: “Las avispas” y “Como yo”. No podía tampoco faltar “La bilirrubina”, una de las canciones más populares de toda la música latina.

Aunque Guerra no es un gran bailarín -dejó las coreografías en las manos y las piernas de sus bailarines y sus coristas-, los últimos minutos del show lo encontraron mucho más dado al movimiento. No es quizás gratuito lo que le dice a su esposa Nora en los créditos del nuevo disco: “Si tú no bailas conmigo, prefiero no bailar”. También  cantó “Ojalá que llueva caf锠 y se prolongó en “Burbujas de amor”, una de las grandes piezas del cancionero romántico latino.  En esos momentos, el artista dominicano demostró que su voz podrá ser muy nasal, pero que lleva en el alma el duende de la melodía.