Jueces de La Vega: salven esa viuda, ¡por Jesucristo!

A una viuda de 89 años, ustedes, sin proponérselo, están a punto de quitarle la vida. Hace cuatro años, a su esposo, J. Armando Pérez Grullón, tres hombres con el rostro cubierto lo asesinaron y le robaron dineros y pertenencias, en una madrugada, en su casa de La Penda, justo frente al “Chivo Picante”. Armando Pérez Grullón y María Amparo Rodríguez Molina descienden de familias fundadoras de la digna y laboriosa ruralidad cibaeña que acunó el alma nacional que restauró la República; habían regresado  luego de 40 años de trabajar en Nueva York, donde dieron sus años de vida útil, él como “dish-washer” de  restaurant, y ella, como operaria de factoría. La Policía detuvo a un sospechoso y éste, en presencia de la viuda, mía y de otros sobrinos, sin presión ni acoso alguno, declaró implicando a otros dos individuos, lo que luego negó durante el proceso. Juicio que fue incoado por la Fiscalía, ya que Amparo nunca vio el rostro de los asesinos, según todas sus declaraciones.

Un tribunal de tres damas magistradas condenó a los sujetos a 30 años de prisión. En apelación, nuevos jueces los absolvieron por insuficiencia de pruebas.  La apelación de la viuda y familia no se produjo porque había que trasladarse a Bonao, lo cual, para una señora  con 88 años, traumatizada emocional y con deteriorada salud, resultaba impracticable.

Quedó sobre ella y todos nosotros, además, la profunda pena del crimen no castigado. Pero nadie esperó jamás que pocos meses después la tía Amparo fuera objeto de una demanda en daños y perjuicios. El abogado que la defendió de este nuevo caso, Carlos Álvarez, la despachó tranquila para su casa, hasta que un mes más tarde, la tía nos llamó para decirnos que el banco le notificó que sus ahorros habían sido embargados. El abogado nos explicó que se produjo un juicio del que nadie se enteró en el cual la tía había sido condenada a pagar RD$ 2 millones en daños y perjuicios. Algo totalmente injusto y absurdo, especialmente porque hay un principio jurídico que dice que nadie puede ser acusado de injuria si procede de buena fe y en defensa propia. 

Honorables magistrados de la culta y progresista sociedad de La Vega, no tengo el gusto de conocerles para hablarles con nombres y apellidos. No sé de qué puedan valer estos renglones, pero les aseguro que no hay inocencia en quien no impide una injusticia pudiendo hacerlo, especialmente a quien fue asaltada y torturada, y le  asesinaron su marido;  y  luego, con intervención de ustedes, intentan despojarla de su sustento, lo que premiaría e incentivaría el crimen y la impunidad. Jesucristo mismo, en Lucas 18, y en otros pasajes bíblicos, anticipa juicio a quienes niegan justicia a viudas, huérfanos, extranjeros y pobres. Líbrense ustedes, magistrados, y   libren esa viuda de esa enorme e insólita iniquidad, para que la culpa no recaiga sobre sus inocentes descendientes. Un Viernes Santo, fue sacrificado un Inocente. Por ello, millones han padecido durante siglos.