Juez Reyes dice es víctima del poder

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POR LLENNIS JIMÉNEZ
El juez Jorge Reyes, padre de una joven de 15 años asesinada en enero del año pasado, afirmó ayer que fue “víctima” del poder político del Estado en el pasado gobierno y reveló que al fiscal que conoció el homicidio en la Policía le borraron el expediente.

Acusó a la Policía de distorsionar las evidencias del crimen de su hija Georgelina Yerusi.

El magistrado denunció, asimismo, que Marcos Vinicio Caamaño Pérez, considerado cómplice del caso, está en libertad, pese a que se le negó la libertad bajo fianza, por su alegada vinculación con el caso.

Reyes también acusó a la pasada gestión de la Policía Nacional de alterar las pruebas del caso y al mayor general Carlos Díaz Morfa, ex director del Cuerpo de Ayudantes Militares en la administración de Hipólito Mejía, de prestarle colaboración a la familia del cómplice para alegadamente impedir que fuera procesado legalmente.

“Si me siento víctima del poder político y del poder del Estado del cual disfrutaban los familiares de Caamaño”, reiteró.

Declaró que bajo el amparo de ese poder se hicieron allanamientos “para borrar evidencias, que hicieron rueda de prensa para decir que no había evidencia. Que le borraron el expediente al fiscal cuando lo hizo en la Policía, que le dejaron el celular Caamaño cinco días después de estar preso siendo una evidencia de llamadas y donde se podía registrar que estaba el nombre de la hija mía”.

Agregó que está “seguro que al momento de apresar a Caamaño Pérez conversaba con Payán. Ahí están los fiscales y los policías que investigaron y que le pasaban preguntas a Caamaño escrita en papel para que se la hiciera a Payán”.

Responsabiliza a una hermana de Caamaño de que el profesor no haya sido atrapado con vida, tras indicar que ella fue quien impidió que los policías apresaran a Caamaño. Dijo que la hermana de Caamaño lo trasladó al Palacio Nacional de la Policía en su vehículo “y donde primero lo llevó a las 7:00 de la noche, fue al despacho del ex jefe de la Policía, mayor general Jaime Marte Martínez”.

“Y quien lo llevó a él -a Caamaño- al Departamento de Homicidio a las 8:00 de la noche fue el que era relacionador público de la Policía, coronel Ramón Francisco Rodríguez Sánchez, que le dicen Monchy, amigo de Mariela Caamaño”, aseguró.

Declaró que fue los fiscales le contaron que la hermana de Caamaño hizo una llamado cuando fueron a buscar a Marcos a la casa y que al pasarle el celular al oficial que haría el apresamiento, oficial solo atendía a responder con “un si señor”.

Con el dolor del primer día por la perdida de su primogénita, el juez del Tribunal Especial de Asuntos de Familia, recuerda la terrible noticia de saber que se le había ido la pequeña que soñaba con seguir sus pasos como abogada. “Día a día recurso mi hija y varias veces por día”.

Cree que la muerte de su hija se debió a que su ex profesor de computación, Gustavo Vásquez Payán, se obsesionó con ella y que tuvo ayuda para cometer el hecho. Posteriormente también fue asesinado.

Reyes aclara que no tuvo idea del profesor, porque nunca tuvo relaciones con él, al igual que su hija.

Señala que leyó las conversaciones que Yerusi grababa con el profesor a partir de febrero del 2003 y el último día que habló con él chateando por Internet fue el 21 de enero del 2004. “En esas conversaciones yo lo que observaba era que él estaba obsesionado con ella. La invitaba a salir, la citaba y ella siempre se negó. Ella le decía que lo que quería era graduarse con honores”.

La muerte de Yerusi fue un duro golpe para todos los parientes de la familia, incluso, para los hermanos del juez, pero sobre todo, para su madre y su abuela.

CON PROCEDIMIENTO

En cuanto al formato legal del caso, Reyes se siente conforme, porque “la realidad no ha cambiado ni los hechos, con respecto a Caamaño y los demás que participaron”.

Explica que durante sus diez años como docente les decía a sus estudiantes que deseaba que nunca tuvieran un caso en mano de la Policía Nacional. Ahora también les aconseja a sus alumnos que eviten verse envueltos en un caso judicial en el país y que no interactúen con un enfermo de la mente, como le sucedió a su hija.

Reyes visita el cementerio dos veces por semana. Hace un prolongado suspiro para evitar llorar y luego explica lleva flores a la tumba de su hija, le enciende velones y pasa un rato con ella.

Recuerda con alegría todos los hombres de Yerusi, debido a que nunca le conoció faltas en su comportamiento. Explica que quienes hicieron vida con su hija pueden testificar la calidad de su persona.

Cansado de buscar y de leer libros escritos por expertos en la conducta y la mente humana, se hace las preguntas de por qué le tocó ese caso. Se levanta y se acuesta “porque se pierde una vida sin ninguna razón”.