Jugar con las tentaciones

Jugar con las tentaciones

Jugar con las tentaciones es, sin duda alguna, un juego muy peligroso. Tal como dice el famoso refrán: “Tantas veces va el cántaro a la fuente que al final se rompe”, por lo que debemos recordar que no solo es peligroso jugar con las tentaciones, sino vivir al lado de ellas, caminar por el borde de la línea, andar por el filo del precipicio; y el retar a estas tentaciones lo único que provoca es que tarde o temprano, terminemos cruzando la línea o cayéndonos al vacío.

La tentación es una oportunidad que se presenta para satisfacer temporalmente nuestros deseos “engañosos” o necesidades a como dé lugar, rápidamente y con poco esfuerzo. Y es ahí donde radica la caída, queremos obtener nuestro propio placer sin importarnos, ni el medio para lograrlo, ni el bienestar de los que están a nuestro alrededor, pasando por encima de los mandamientos de Dios.

Cuando se presenta la tentación, rechazarla inmediatamente es la más sabia decisión, pues mientras más tiempo estemos expuestos a la tentación más probabilidad tendremos de caer en ella.

Por eso, es importante vigilar los deseos y necesidades físicas, financieras o emocionales insatisfechas, ya que éstas hacen el ambiente perfecto para sucumbir a la tentación. Debemos observar y conocer muy bien nuestras insatisfacciones y las del cónyuge para poder detectar cualquier descontento.

Ponga límites, huya de cualquier situación que lo ponga en desventaja. Vencer la tentación, es obedecer a Dios, es adquirir madurez, dominio propio e integridad. Procuremos que nuestra mejor cita del día sea con la pareja, eso quiere decir, saquemos tiempo para desayunar, almorzar y comer juntos y no cada uno por su lado, pues eso fortalece la relación.

Recientemente leí, que atrás ha quedado el mito de que la infidelidad es exclusiva de las parejas en crisis, y que una relación disfuncional sí hace más probable que se produzca una infidelidad, pero no todas las relaciones disfuncionales llevan a ser infiel, y no todas las infidelidades se dan en relaciones disfuncionales.

Las aventuras amorosas fuera del matrimonio ocurren más cada día y las parejas cristianas no son una excepción. Ayudados por la intimidad que ofrece la Internet y los teléfonos móviles, la traición a uno de los miembros de la pareja es más frecuente ahora que nunca antes.

El mejor método para predecir y prevenir la infidelidad matrimonial, es resistir la tentación, es apartarse de ella, nunca creer que estemos a salvo de ella. Frente a la tentación hay que tener la valentía de ser cobarde huyendo de ella. Si la retamos, exponiéndonos a congraciarnos con piropos, expresiones, instantes a solas, compartiendo alegrías y penas con personas que ya sea por su físico, actitud, personalidad o lo que fuera te resulta mínimamente atractiva, es vital tener bien claro el límite que debemos tener, porque si jugamos con esa tentación nos vamos arrepentir, cuando tarde o temprano, un impulso incontrolable nos lleve a flaquear.

Una de las gracias a pedir en la oración al señor cada mañana es que nos enseñe a estar preparados para este combate espiritual, el de poder identificar la tentación antes de que nuestra alma vacile y caiga.

 

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