Juicio atrajo a pocos

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POR LOYDA PEÑA
Apenas un tímido grupo de perredeístas acudió ayer al Palacio de Justicia de Ciudad Nueva, para respaldar al ex presidente Hipólito Mejía durante su comparecencia como testigo, en el caso que por supuesta difamación e injuria entabló el senador Hernani Salazar contra el doctor Marino Vinicio Castillo.

El reducido número de “compañeros”, que portaban una sola pancarta denostando al licenciado Hatuey De Camps, contrastó con el gran despliegue de seguridad de fuerzas mixtas de la Policía y el Ejército, instaladas el área perimetral de la sede judicial.

La tranquilidad era total. La inercia de los pocos perredeístas, entre los que no figuraba ningún dirigente de importancia, fue rota sólo cuando los reporteros decidieron acercarse al grupo para conocer su opinión acerca de si fue correcta o no la decisión de Mejía de obtemperar a la citación que le hizo la jueza Esther Angelán Casasnovas.

Los pocos que hablaron coincidieron en que hizo bien con presentarse al tribunal, al alegar que “el que no tiene hecha, no tiene sospechas”.

Lamentaron la escasa presencia de “compañeros” dándole apoyo al ex mandatario, lo que atribuyeron a que la dirigencia perredeísta no fue avisada de la decisión de Mejía.

“Hipólito debió venir (a la citación), pero se debió convocar a la dirigencia del partido para que él (Mejía) sienta el apoyo de la militancia, porque se sobreentiende que esto es persecución política. Es poniéndole presión que están”, opinó José Ramón Bernard.

También, Eugenia Pérez, secretaria de la Zona “Q” del Partido Revolucionario Dominicano (PRD), opinó que la citación de Mejía tiene fines políticos, pero advirtió que a “Hipólito no lo van a pisotear”.

“Se van a ir a la mier…, porque al PRD no lo pisotea nadie. No lo pudo hacer Balaguer nunca ni lo harán ahora, porque nosotros, si tenemos que ir al infierno con Hipólito, vamos a ir”, añadió.

Con excepción del que llevaba la pancarta y un borracho que se les unió para vociferar dos consignas contra De Camps y el doctor Castillo, más algunos que clamaron un ¡viva! a Mejía y otro al extinto líder José Francisco Peña Gómez, todos permanecieron tranquilos.

Sin embargo, no muy lejos del grupo se escuchó a un hombre solitario expresar en voz alta: “¡Por fin! Ahí está el delincuente ese, en el banquillo de los acusados”.