Justicia y prensa

Justicia y prensa

Bonaparte Gautreaux Piñeyro

La justicia deber actuar con mesura, en silencio, con la mayor seguridad

Se practica constantemente aquel aforismo maldito que reza: ensucia, que algo queda. Soslayamos con una facilidad extraordinaria las enseñanzas de Jesús. Aunque decimos que somos cristianos, tiramos la primera piedra con gran facilidad. Nos acogemos a malas costumbres que perjudican el secreto de la investigación judicial.

Nadie, y mucho menos yo, después de décadas de práctica como periodista profesional, niega la importancia de la información, pero hay un límite que imponen la moral y las buenas costumbres y otro que consiste en respetar el derecho a la justa fama.

Con el advenimiento de las redes sociales y las comunicaciones globales interconectadas, los pueblos han ganado en conocimiento, en rapidez de la propagación de los hechos noticiosos, en inmediatez en compartir las imágenes de lo sucedido, con rapidez solo superada por la velocidad de la luz. Ahora, los sucesos son conocidos por el gran público en un abrir y cerrar de ojos.

Esas ventajas deben ser analizadas a la luz de dos vertientes: de un lado, el deseo constante, la curiosidad sempiterna, de quienes queremos saber qué pasa, dónde, cómo, en qué momento, quiénes son los protagonistas, del otro lado el derecho a la justa fama.

Hay un deseo malsano que alimentan buscadores de chismes que convierten en noticias, cuando los protagonistas son personajes de actualidad, la saturación de notas sobre las relaciones íntimas, de actores y deportistas nos fuerzan a pasar la página o usar el control de la TV para buscar noticias legítimas e importantes.

En una palabra, aunque no conozco estadísticas sobre el equilibrio, o desequilibrio en la proporción noticias legítimas versus mentiras, me atrevo a especular que, debido al interés de sobresalir de algunos que tienen acceso a las redes sociales, la mayor parte de lo publicado está constituida por informaciones a medias, verdades recortadas, inventos, deseo de venganza, chismes.

Donde esa situación es más penosa y dañina es en la información interesada que ponen a circular los acusadores y los acusados de la comisión de delitos de corrupción, de delitos de narcotráfico, alarmantes noticias que sacuden la sociedad.

Ahí es donde el funcionario, el periodista, el fiscal, el juez, deben actuar con pies de plomo para evitar perjudicar a una persona, a una familia, con una expresión, con un desliz, que afecte su condición de ser humano con derecho a ser respetado como inocente, hasta que sea objeto de una sentencia que adquiera la autoridad de la cosa definitivamente juzgada.

La justicia deber actuar con mesura, en silencio, con la mayor de las seguridades, para que una persona acusada de la comisión de un delito no sea condenada por la exposición indebida a la opinión pública.