Juventud aboga por participación real e inclusiva

No se puede pretender resolver problemas multidimensionales sin la participación inclusiva de las personas que están directamente afectadas por las inequidades sistemáticas de nuestras sociedades.

Colombo.- “Nunca se habían dado las circunstancias actuales para garantizar un desarrollo dirigido por los jóvenes, este es su momento”, fue la proclama más resaltada en el marco de la Conferencia Mundial de Juventud 2014 en Colombo, Sri Lanka con la participación de representantes de 169 naciones del mundo. Ahora, de vuelta a sus respectivos países cada uno de estos delegados tiene que evaluar si las aspiraciones e ideales expresados allí tienen espacio en la realidad o solo viven en el discurso.

La juventud es un segmento de la población, que por propia falta de iniciativa, intereses sectoriales y pocos espacios inclusivos, no ha logrado articularse alrededor de propuestas e ideas que faciliten la transición entre las lógicas individuales y los planteamientos equilibrados para una representación real del sector en todos los órdenes sociales.  

La historia común es que la juventud está afectada por la falta de un sistema de reclutamiento y acercamiento eficiente y eficaz por parte de los Estados. Lo que provoca que en la mayoría de los casos, nuestros jóvenes preparados en las mejores universidades, tengan que recurrir a subemplearse en empresas privadas, intentar obtener trabajo fuera del país o en el peor de los casos, esperar por una recomendación a un puesto técnico en el sector público en el que si la suerte les acompaña, podrán terminar trabajando a favor del desarrollo nacional.

El proceso de reforma al Código Laboral es la más reciente demostración de que como sector, a pesar de ser los más afectados, no se les otorga una participación activa y determinante en asuntos de relevancia nacional. Esto debe operar no sólo porque los jóvenes tienen consagrado ese derecho, sino porque su voz y visión como nueva generación, tiene mucho que aportar para el mejoramiento de las políticas públicas integrales, lo cual es conveniente para toda la sociedad.

Si la participación inclusiva de la juventud fuera la regla y no la excepción, podríamos contar con mejores políticas y programas, dejando de ser observados sólo como un estamento dentro de las periódicas consultas sectoriales y un elemento decorativo de los procesos. Se podría establecer en la agenda nacional desafíos como el desempleo y el hecho de que más del 30% de los jóvenes ni estudian ni trabajan, y ello, se haría bajo la comprensión de que esto queda reflejado en una situación de carácter multidimensional, que se inicia en el marco del sistema educativo formal y se proyecta en el mundo productivo, ya que no logramos hacerla conexión entre la preparación académica y las necesidades del sector laboral.

De igual manera, la perspectiva de los jóvenes es indispensable para incrementar la calidad de las consultas en el Consejo Económico y Social, o las políticas que auspician los Ministerios de Educación; de Educación Superior, Ciencia y Tecnología; y de Economía, Planificación y Desarrollo. Con su presencia y aportes, la juventud hubiese enriquecido aun más los contenidos y propósitos de importantes iniciativas, como el Pacto por la Educación, el cual fue adoptado dejando a un lado aspectos tan esenciales como las tecnologías de la información y comunicación (TICs).

¿Cuántos pactos y políticas condicionadas hacen falta para que nos demos cuenta que la participación real e inclusiva de la juventud en los procesos de desarrollo no es una opción, sino una necesidad conveniente para todos los sectores? Ya es hora de que dejemos de utilizar a nuestros jóvenes líderes para consultas inocuas. Debemos apoyar los esfuerzos del Ministerio de Juventud de instaurar al 100% el sistema Nacional de Consejos de Juventud. Como sociedad estamos ante el reto de que este sector tenga un acceso real en los espacios de toma de decisiones, concertación y participación social.