Kennedy y Khruschev se reunieron en Viena hace 60 años

Kennedy y Khruschev se reunieron en Viena hace 60 años

Kennedy dijo de esa reunión que fue “lo más duro de mi vida. Se ensañó conmigo”.

Con sus 78 años, Biden es el presidente de Estados Unidos de mayor edad que se ha reunido con un homólogo ruso. En junio de 1961, con 44 años, Kennedy fue el gobernante americano más joven que dialogaba con un dirigente de Rusia.

Kennedy fue el primer presidente católico de su país y había recibido el Premio Pulitzer por su libro “Perfiles de Valor”. Al juramentarse convocó a los jóvenes a transformar el mundo: “No preguntes qué puede hacer tu país por ti, sino qué puedes hacer tú por tu país”.

El mito de sus 1,000 días de Gobierno lo acuñó Jackeline, su viuda de 34 años, a la semana del magnicidio: “Habrá nuevamente grandes presidentes, pero nunca habrá otro Camelot”.

Ella se refería al musical de Broadway sobre la fortaleza y reinado del Rey Arturo, que concluye con su canción favorita: “No olvidemos/ Que una vez existió un lugar/ Que durante un breve pero brillante momento fue conocido como Camelot”.

Desde temprano se le diagnosticó a Kennedy la “enfermedad de Addison” que le provocaba dolores de espalda mitigados con anfetaminas y esteroides hoy muy regulados. Kennedy estuvo invicto hasta que heredó del Gobierno de Eisenhower los planes de invasión a Cuba.

Castro tomó el poder en enero 1959 y Kennedy se juramentó dos años después, cuando esos preparativos estaban muy avanzados. La CIA planteaba que una invasión provocaría un levantamiento interno y en medio de una guerra civil Estados Unidos apoyaría a los anticastristas para tomar el poder.

El plan ideal consistía en derrocar a Castro sin afectar el prestigio de Estados Unidos. Dubitativo, Kennedy aceptó el bombardeo previo de aeropuertos por aviones camuflados con insignias cubanas que no dañaron la aviación castrista, pero en el momento crucial no bombardeó las zonas de desembarco ni apoyó invadir con marines. Kennedy explotó: “Cueste lo que cueste, no puedo meter a Estados Unidos en una guerra y luego perderla. No voy a arriesgarme a tener una Hungría americana”. En medio del desastre solo 14 combatientes fueron evacuados y 1,189 se rindieron.

Kennedy no desechó el plan militar que heredó quizás para que no se creyera que Eisenhower era fuerte ante el comunismo y él era débil. Actuando como un estadista responsable asumió el fracaso como propio: “Hay un dicho que afirma que la victoria tiene cien padres, y la derrota es huérfana”.

Ante el fiasco de Bahía de Cochinos ordenó no seguir dando apoyo a nuestros héroes que, aun así, ejecutaron el tiranicidio el 30 de mayo, actuando por su cuenta y riesgo, por amor patrio.

Luego Kennedy planeó una Cumbre con Khruschev. En ruta hacia Viena hizo una parada en Francia y Jackeline conquistó a París.

André Malraux, prestigioso ministro de Cultura, autor de “La Condición Humana”, accedió a su petición de exponer la Mona Lisa en Washington, primera vez que el lienzo saldría de Francia. Iniciando una rueda de prensa, Kennedy dijo, jocosamente: “Yo soy el hombre que acompaña a la Sra. Kennedy”.

Sin embargo, la agenda del Presidente era tortuosa. El 31 de mayo su jefe de Prensa, Pierre Salinger, desde París anunció, por primera vez, el ajusticiamiento de Trujillo. Muchos habían aconsejado a Kennedy no reunirse con Khruschev. De Gaulle opinó que eso era una estupidez, pero le dijo: “Tenir bon, tenir le coup”, o sea, “Aguanta, sé firme, sé fuerte”.

En sus notas privadas De Gaulle escribió: “Goza de las ventajas de la juventud, pero con los inconvenientes de un novato”.

La primera reunión fue en junio 3. Kennedy fue medicado, pero al desaparecer el efecto, estuvo cohibido e inseguro y se limitó a recibir dardos de Khruschev. Al siguiente día Khruschev embistió de nuevo: “La Unión Soviética firmará un Tratado de Paz con la República Democrática Alemana”.

Kennedy preguntó si ese tratado implicaría bloquear el acceso a Berlín, contestando Khruschev que sí, y remató: “Se responderá a la fuerza con la fuerza. Si Estados Unidos quiere la guerra es problema suyo”. Kennedy terminó el encuentro diciendo: “Entonces, señor Presidente habrá guerra. Será un invierno frío”.

Sobre la reunión, Kennedy dijo a James Reston ,del NYT: “Lo más duro de mi vida. Se ensañó conmigo”. Continuó: “Creo saber por qué me trató así. Piensa, por lo de Bahía de Cochinos que soy un inexperto. Probablemente piensa que soy un estúpido.

Quizás lo más importante, piensa que no tuve agallas”. La providencia dio a Kennedy la oportunidad de una revancha y doblegó a Khruschev en la amenazante crisis de los misiles de octubre 1962.