La “omertá”

Juan Bosch lo escribió en un cuento inolvidable “La mancha indeleble”: al entrar, los miembros del partido deben despojarse de sus cabezas y colocarlas en el anaquel correspondiente.

Entregada la cabeza, otro decidirá por cada uno de los miembros y les ordenará qué hacer en cada momento. El partido, más que una organización que agrupa personas, es una caja de resonancia que junta voluntades doblegadas que sólo tienen derecho al aplauso, cuando se les ordena, o al silencio. El primer principio al que se acoge el partido es al de la “omertᔠpacto de silencio que compromete a los miembros a que actúen como los monjes que no hablan entre sí, aunque pasen toda la vida en el monasterio.

Este grupo que gobierna es el que se llena la boca al hablar de la sociedad del conocimiento, pero conocer es buscar la verdad y conocer la verdad eleva el espíritu de las personas, pero en el caso del Partido de la Liberación Dominicana (PLD) no les permite tomar la cabeza del anaquel, colocársela sobre los hombros y actuar libremente. Muchos esperaban el resultado de la reunión del Comité Político del PLD donde se discutirían las denuncias que formularon miembros del organismo sobre corrupción entre los peledeístas y en el Gobierno.

Los “analistas” y “especuladores”, los malabaristas de la palabra que reciben su rica mesada de una y otra instancia del Gobierno, pregonaron que las decisiones que surgieran de esa reunión normarían la conducta futura de los funcionarios y castigarían sus actuaciones pasadas. Nada más lejos de esas conclusiones, el parte de prensa dice: luego de cuatro horas de intensas discusiones el Comité Político del Partido de la Liberación Dominicana acordó por unanimidad que los trapos sucios se lavan en casa, que nadie tiene que hablar de los asuntos internos para conocimiento de la prensa.

En una palabra, además del control que se ejerce vía anuncios y de manera directa, ahora se pagará para que sólo se diga del Gobierno, lo que el Gobierno quiere que se diga de él. Aunque no se informó cómo serán penalizados quienes ejerzan el derecho a la libre expresión del pensamiento, sí hay un mensaje claro que se desprende de la declaración: hablen sobre cualquier tema, eso no importa, hablen y discutan sobre cualquier proyecto, pero no toquen la tecla de la corrupción que ya no hay forma de contenerla ni forma de ocultarla.

Dejen ese tema para la oposición, si es que existe y tiene capacidad siquiera para la denuncia permanente de las diabluras del Gobierno. Y decide, el Alto Organismo, aplicar el remedio del hombre que encuentra su amigo un año más tarde y le pregunta: ¿cómo resolviste el problema? Fácil, responde el amigo, vendí el sofá.

En ese sofá el primer amigo le dijo al segundo que había sorprendido a su mujer mientras le era infiel. ¿Y qué se oculta? Lo indebido.