La abundancia de minerales en el país

POR JACINTO GIMBERNARD PELLERANO
En los días finales del mes pasado, unos inversionistas árabes-canadienses en el área de la minería, anunciaron que están invirtiendo en el país para buscar y luego explotar minerales que yacen en el subsuelo dominicano del Noroeste.  Anteriormente, por muchas razones, no se habían emprendido esfuerzos para el aprovechamiento de una riqueza nacional en oro, plata y zinc que sirva de soporte al desarrollo.

Ese anuncio es de que por fin parece que aparecerán otras inversiones en el área de la minería, separadamente a las que están en explotación con el níquel de Bonao, lo que se realiza tímidamente en Cabo Rojo y lo que está en proceso para aprovechar el oro de los sulfuros de la Rosario. Se abre un abanico de posibilidades, siempre y cuando se aprovechen en beneficio para el país. O sea, que no sean un fiasco como el oro perdido de la Rosario después de la nacionalización de la planta, que se inició una fiesta de desaciertos económicos, que hasta se invirtieron $5 millones de dólares para una refinería de oro que nunca procesó una onza del metal. El dinero de las ventas de doré se destinó para pagar la abultada empleomanía que el PRD incorporó a la nómina estatal, en los primeros años de la década de los 80 del siglo pasado.

El territorio dominicano, durante muchos años, en particular durante la ocupación americana de 1916 y luego por Trujillo, fue ampliamente explorado por geólogos que prepararon valiosos informes, que afortunadamente, la Sociedad Dominicana de Bibliófilos, desde 1974, los fue reeditando en valiosos volúmenes, pero esa información, en gran parte, ha permanecido ignorada por muchos, e incluso por los funcionarios responsables de la minería, que debieron ponerle más atención y darle pautas a los inversionistas interesados en explorar para fines de explotación, siempre y cuando exista una sólida seguridad jurídica, cosa que a veces uno duda que esté firmemente establecida en el país.

Los informes recogidos, y reeditados por los Bibliófilos, incluyen, desde el primer volumen publicado de Enrique Deschamps hasta el último de José Ramón López, preparados para fines de ferias internacionales a principios del siglo XX, y los demás incluyen los de Carlos Chardón, Otto Schoenrich, Willy Lengwiler, T. W. Vaughn con otros especialistas y José Ramón Abad. En todos, pero en especial el de Chardón y Lengwiler ofrece detalles bastantes precisos de las riquezas minerales, que algunas de ellas son hoy en día rentables explotaciones como el níquel de Bonao, el oro de Cotuí, el hierro de Hatillo, que se aprovechó someramente a finales de la dictadura de Trujillo, así como los yacimientos de bauxita de Cabo Rojo.

Los libros de los Bibliófilos ofrecen muchos detalles de zonas mineras que no han sido exploradas, aún cuando en algunas se iniciaron trabajos exploratorios preliminares como los yacimientos de cobre de Nandita, cerca de Padre Las Casas. Estos trabajos abortaron por las condiciones muy onerosas para el país en caso que se llegara a la explotación. Todavía permanecen en estado de crisálida los yacimientos de oro de Yujo, de Guaigüi, así como el cobre y oro en las lomas al oeste de Villa Altagracia en el área de la cuenca del río Duey, así como los de Bajabonico en Imbert, que ahora es un atractivo turístico por los diversos saltos que atraen diariamente a decenas de visitantes. Por Igual está el oro de placeres en la zona de Miches en el río Bonao y en el río Haina, el cobre de El Recodo, Baní, y en esta última región está el petróleo de Las Tablas. En Hato Mayor hay detectados yacimientos petrolíferos que no han sido estudiados en detalles, con excepción al petróleo de Azua, que ya una vez fue una fuente de combustible para la región, pero el agua de sal dañó el yacimiento.

Una de las regiones más prometedoras con minerales es la parte del macizo de la Cordillera Central que se extiende desde Sabaneta, Monción, discurre por Restauración y Loma de Cabrera y se interna en Haití, donde existen las evidencias de yacimientos de cobre y oro determinadas por los autores ya mencionados existiendo en apreciables cantidades, que ahora atrae a los inversionistas en explorar más a fondo. O sea que la riqueza minera ha estado ante los ojos de todos. Afortunadamente no se le había puesto interés, ya que si a estas horas se hubiese explotado, no quedaran recursos, y el país siguiera pobre, debido a que conocemos la capacidad y codicia de nuestros políticos, que se hubiesen agenciado la forma de nacionalizar las empresas, o unirse a los concesionarios y sacar el mayor provecho en perjuicio de la Nación.

Entonces ya es hora de que se comiencen a revisar los libros “mineros” que los Bibliófilos han puesto en manos de sus socios, que se iniciaron 2,500 y ya solo quedan 1,000, lo cual demuestra que todavía el hábito de lectura no está muy arraigado, ni siquiera para tenerlos como adornos en sus bibliotecas. Libros que resultan baratos en comparación a ediciones extranjeras, con la ventaja que los nuestros dan oportunidad de conocer la riqueza nacional y disfrutar las obras de valiosos intelectuales.