La acomodación a lo negativo

El país vive una escalada de lo dañino que pasa de una magnitud menor a una mayor en varios aspectos. En materia de tránsito experimentamos una epidemia de muchas muertes a las que se suman altos índices en la mortalidad por enfermedades controlables como el dengue que aquí mata en cifras que superan la generalidad de países; además de la pérdida de vida en alta proporción de parturientas y recién nacidos. Se develan involucramientos en supuestos actos de corrupción cada vez más escandalosos y dignos de libro Guinness seguidos a veces por expedientes sobre venalidades en estamentos de Justicia, Policial y Militar de altos niveles que caen en vacío, delatándose perversas asociaciones para el mal. La sociedad experimenta avances y la economía marcha con cierta estabilidad. Pero la inmoralidad, la injusticia y fallas institucionales nos azotan.

Y como pocas veces es apropiadamente sancionadora la reacción de los poderes del Estado a la inconducta o al desafuero, aquí se tiende penosamente, y en automático, a la resignación. A la aceptación del hecho cumplido. A la desesperanza. Ya el espanto solo trae congojas. De él ya nadie se moriría. Por doquier se acoge como cierto el criterio de que este es un país único (muy especial) pero de notables disfuncionalidades, difícil de hacer cambiar y en el que la honestidad y el comportamiento constructivo son para dejárselos a los pendejos.

Una incógnita a despejar

Recientemente el país fue advertido de la posibilidad de que el consumidor dominicano esté expuesto a ingerir carnes de diversas procedencias y granjas (vacuna, avícola y porcina) con residuos peligrosos de antibióticos que se aplican en el proceso de producción. Ningún organismo ha corroborado o negado que eso esté ocurriendo ni es patente que se aplican controles sobre la administración de sustancias de veterinaria que pueden llegar a las personas.

Una gran calamidad que amenaza al mundo en estos momentos es que algunas enfermedades bacterianas han desarrollado resistencia a los antibióticos a causa de la aplicación desordenada de fármacos, práctica que al extenderse crearía una situación de indefensión generalizada para los humanos. ¿Qué estamos haciendo en la República Dominicana contra esa posibilidad?