La adolescencia, una de las etapas
más difíciles de manejar

POR FÁTIMA ÁLVAREZ
La adolescencia es una de las etapas más difíciles por las que atraviesa el joven en formación. Pero lo curioso es que si mucha dificultad, inseguridad y temores genera en el propio adolescente, mucho más en los padres y adultos que comparten vida con él y lo encaminan en su proceso hacia la madurez.

Muchos de los temores que surgen en los adolescentes no es más que el reflejo de los propios temores adultos, por eso es tan necesario que los padres entiendan y conozcan a profundidad esta etapa de la vida, que debe disfrutarse con la misma sencillez y pasión con la que vemos recorrer los primeros pasos de nuestros hijos o escribir su primera vocal.

“La adolescencia es una de las etapas más difíciles de manejar en la ardua tarea de la educación que debemos proveer a los hijos e hijas especialmente es en esta etapa en la que deben abrir un puente de comunicación”, dice Ana Mirtha Vargas, psicóloga clínica, sobre el tema.

Destaca la profesional que una de las formas en que los padres pueden ayudar a sus hijos en este proceso, es mostrando respeto a sus sentimientos y buscando todas las formas posibles para comprenderlos.

Señala que el nivel de inmadurez que todavía poseen facilita el que se molesten y se sientan lastimados. Recae sobre los padres y adultos de su entorno entender el mensaje y discernir entre lo verdaderamente importante y lo trivial. Sólo de esta forma ellos irán reforzando su seguridad y alcanzando la madurez necesaria.

Como ser padres no es una tarea que se aprende en las aulas, cuando alguno se sienta inseguro de cuál debe ser su proceder frente a determinadas actuaciones de su hijo, es recomendable buscar ayuda.

Pero la adolescencia es también un período para conocer mejor a los padres y entenderlos dentro de la dimensión que le es posible a un adolescente. “Nosotros somos el resultado de nuestras programaciones y de viejos paradigmas que nos enseñaron nuestros progenitores. Cualquiera que haya sido la forma brutal o genial que lo hicieron, cada uno ha hecho lo “mejor” que ha podido de acuerdo a sus propias capacidades”.

“Tal vez muchos tuvieron oportunidades de formarse profesionalmente pero nunca fueron enseñados a desempeñar un loable papel de padre o madre, debemos abstenernos de juzgarlos”, destaca Vargas De Windt.

Agrega que el deterioro de los valores y la alta incidencia de hijos abandonados, o simplemente aquellos niños que van creciendo sin una supervisión adecuada, falta de amor, cuidado y educación, hijos de padres y madres integrados a la par y a tiempo completo en el sector laboral, que carecen del tiempo necesario para llevar a cabo una relación estrecha con su hijo, muchas veces los empujan sin querer a tener compañías inadecuadas, al consumo de drogas o a conductas inadaptadas.

Para los jóvenes es vital caminar con estructuras, dirección y límites, e incluso, los que más se rebelan, son en muchos casos, los que más demandan de estas estructuras, pues en su propia rebeldía lo que demandan es la atención requerida para vivir una vida estructurada.

“Los padres y madres fungen de guías. Es su obligación estrechar los lazos de confianza y apoyo a sus hijos especialmente durante la adolescencia, tiempo en que dan un paso agigantado hacia una transformación física, emocional y espiritual, una edad en que comienzan los jóvenes a crear una identidad propia. En esta etapa también se hace necesario que ayuden al joven adolescente a sentirse capaz, querido, a fortalecer su imagen propia a despejar sus inseguridades y a desarrollar un sentido de entusiasmo, respeto y responsabilidad”.

Ana Mirtha Vargas De Windt es psicóloga clínica. Posee su consultorio en Plaza Central. Su teléfono es el (809) 729-7020 y su correo electrónico es Ana_mirtha777@yahoo.com.