La agonía de la urticaria crónica

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La urticaria crónica consiste en la aparición prácticamente diaria de habones por todo el cuerpo, a veces acompañados de angioedema, pudiendo permanecer activa durante años. Su inicio no respeta edad, clase social ni nivel educativo. Es más frecuente en mujeres que en hombres.
Muchos pacientes intentan controlar los brotes con cambios en su estilo de vida, con dietas de evitación estrictas, evitando medicamentos de uso habitual y ciertas prendas de vestir, sin cambios en la frecuencia ni intensidad de los brotes. Como desgraciadamente la enfermedad sigue su curso, se puede originar inestabilidad emocional y angustia por solucionar el problema.
Paralelamente, al no cesar el proceso, pueden llegar incluso a pensar que es reflejo de una enfermedad más seria y profunda. Esto les lleva a realizar múltiples análisis e interminables visitas a diferentes especialistas. A pesar de que no representa un peligro para la vida, la alteración estética, el disconfort de la picazón, la afectación del descanso nocturno y el miedo a sufrir episodios de angioedema visibles en público, disminuye notablemente la calidad de vida de los pacientes afectados, que algunos estudios han estimado es similar a la de pacientes sometidos a un doble bypass aorto-coronario.

Debido a que la causa y mecanismo de la enfermedad no son conocidos, no existe un tratamiento curativo. Solo se emplean tratamientos sintomáticos, con antihistamínicos y pautas cortas de corticoides sistémicos, con reaparición de las ronchas tras su suspensión, viviéndose este hecho como un fracaso terapéutico, que aumenta la frustración del paciente. Actualmente se está empleando terapia biológica que permite control de los brotes durante más tiempo. Lo positivo de esta enfermedad, es que se desactiva por sí sola tras varios años de evolución, sin dejar ningún tipo de secuela.