La Amet y la revista de vehículos

JOSÉ ANTONIO MARTÍNEZ ROJAS
La Autoridad Metropolitana del Transporte (AMET) una creación de la gestión anterior del Gobierno en el poder, se ha caracterizado desde sus inicios en una entidad con actuaciones en muchos casos rayanas en el abuso de autoridad, en las cuales sus agentes ni siquiera escuchan los argumentos de los ciudadanos y sólo expresan la celebre frase utilizada en la funesta era de Trujillo de “cumplir órdenes superiores”.

El pasado 11 del mes que discurre se celebró en el Hotel Lina el Día Nacional del Café. Casi a la misma entrada de este establecimiento un trío de estos agentes, compuesto por uno en motocicleta, un cabo y un raso, se dedicaban a detener selectivamente los vehículos que no tenían desplegado en el parabrisas, el marbete de la Revista. Nuestro vehículo no tenía el impuesto disfrazado denominado “Revista”, por lo cual fuimos detenidos y solicitados que le entregáramos los documentos del vehículo y la licencia de conducir. Fuimos entonces objeto de una contravención, al parecer, muy merecida. Sin embargo, al agente procedió a entregarnos solo el papel de la multa y no a devolvernos el permiso de conducir. Entonces le explicamos que la retención de la licencia equivalía a la incautación de un documento estrictamente personal, intransferible y privativo de los ciudadanos que habían pagado un impuesto por el mismo y que la Ley No. 241 en ningún momento lo autoriza a tal acción.

En torno socarrón nos dijo: “Reclámele al coronel que nos impartió esta orden”, y se alejó. Al nosotros desmontarnos del vehículo y reclamarle la devolución de nuestra licencia, se hizo el desentendido como si habláramos con un zombi. A seguidas, procedimos a reclamar la actuación del cabo,

quien aparentemente era su superior, y éste también ignoró nuestro pedimento, alegando que deberíamos ir a buscar nuestro carné al tribunal de la Amet luego de pagar una multa por la violación a la ley, ya que se había dado un plazo para sacar ese documento y habíamos hecho caso omiso.

Lo curioso del caso –luego nos enteraríamos por nuestra esposa– es que en la guantera del vehículo estaba el recibo de pago del impuesto de la susodicha Revista y que no había sido adherida al parabrisas porque el día en que ella la fue a buscar se habían terminado los marbetes, hecho imputable a la improvisación con la cual actúan las oficinas recaudadoras de impuestos, ya que lo mismo sucede con vehículos que circulan sin placa porque no hay chapas disponibles.

La Amet labora por “fugas” e improvisa las redadas. Un día es la persecución de los motoristas que circulan sin cascos. Otro, por acechar a los motoristas y vehículos pesados que penetran en los túneles o circulan por los elevados. En otra ocasión le toca al cinturón de seguridad, el cual sólo se le exige a los vehículos privados, ya que, según ellos, el presidente de la República del mandato anterior los exoneró del uso, lo cual se interpreta como los privilegios de los “padres de familia”. Un día le preguntamos a un agente si él creía que el Presidente estaba por encima de la ley y nos fulminó con la mirada.

Queremos dejar claramente establecido que no estamos en contra de que se multe o sancione aquellos que violen la ley. Es más, creo que no son lo suficientemente drásticos con aquellos inconscientes que violan la luz roja en los semáforos, o que a sabiendas de que una calle es de una vía, se mofan del que se lo indica.

El argumento para retener el carné de conducir es que el interesado pague efectivamente la multa. Esto se lograría si en nuestro país adoptásemos el sistema de incluir las faltas en la licencia. De ese modo, cuando el interesado va a renovar la licencia, si tiene un determinado número de faltas, se la suspenden por un tiempo y deberá compensar al fisco todas las infracciones que cometió.

A nuestro entender, si el director general de la Amet no instruye a sus subordinados para que no retengan las licencias de los conductores, entonces se debería proceder vía la Suprema Corte de Justicia para que declare inconstitucional una práctica que en muchos casos ha resultado en vías de hecho por el abuso de autoridad de los agentes, que, al parecer, ya no son tan preparados como los que inicialmente fueron reclutados, con entrenamiento militar y con estudios mínimos de bachiller.

Nuestros lectores ya lo saben, estamos en el mes de la Revista, no se dejen sorprender en una redada. Paguen el impuesto en el Banco de Reservas y allí le dirán cuáles son los establecimientos que tienen el marbete. Si se agotaron, guarden el comprobante de recibo y explíquenselo al cumplidor agente. Ojalá tengan la suerte de que el mismo sea de la primera camada, porque si no, que la Virgen de la Altagracia lo proteja.