La arrogancia de Blas Peralta

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“El mono aunque se vista de seda, mono se queda”, consigna una vieja frase que viene a mi mente al escuchar las petulantes expresiones del convicto Blas Peralta, quien asegura que en el 2020 estará libre en su casa, disfrutando con su familia.
Un grupo religioso brindó al empresario del transporte el escenario de uno de sus cultos para que el hombre fuerte de FENATRADO ofreciera su testimonio y lo que hizo fue alardear de su fortuna y poder.
Hizo galas de su supuesta condición de abogado y su capacidad para salir libre en tres años, pese a la sentencia de treinta que pesa sobre sus hombros la cual minimiza y dice no importarle.
Su arrogancia viene de su ego exaltado por sus amigos en el poder, quienes pusieron a su servicio a un coronel de la Policía y un arma de fuego, hechos sobre los cuales no se ha dicho ni investigado nada.
Se basa también en la creencia de que con dinero todo es posible, olvidando la firmeza de la familia de su víctima, el profesor Aquino Febrillet y de las instituciones que como la UASD, dan seguimiento al caso.
Blas Peralta es un asesino y como tal debe ser tratado por la justicia y la sociedad y el alegato de sus abogados se cae, cuando se comprueba que persiguió con saña a quienes iban en el vehículo contra el que disparó con intenciones homicidas.
Que las balas impactaran en quien no era su blanco, no quita la premeditación que conlleva la persecución, ni resta culpabilidad a la acción encaminada a asesinar a una persona, sin importar de quién se tratara.