La Bahía de Neiba

AMPARO CHANTADA
El bio regionalismo no es un concepto nuevo. En geografía la región es la base territorial sobre la cual los geógrafos analizan las condiciones particulares del desarrollo que por factores diversos singularizan esa región. Geografía regional, bioregión son casi iguales.

La región es un espacio geográfico donde geomorfología, climatología y la cultura ha permitido que se desarrollen fuerzas y recursos concomitantemente con una cultura y a su vez la cultura se nutre de su región para definir su identidad y replantearse permanentemente. El Cibao es una bioregión formada por varias subbioregiones ambientales. Pero los ambientalistas están descubriendo ese concepto para contrarrestar la tendencia que las escuelas americanas han fomentado, de especializar al extremo y de llegar a punto de análisis, donde el manejo del espacio se reduce a micro espacios, micro cuentas, suelos y hasta vertientes. Se perdió la perspectiva de la totalidad y de la visión holistica que se debe propiciar para analizar un paisaje, una región o proponer políticas de manejo. El bioregionalismo es por lo tanto una nueva mirada a la relación con la tierra como otra perspectiva científica. Es un concepto y un movimiento ciudadano. Proviene de la fusión de la biogeografía basada en regiones ecológicas con las preocupaciones de los ambientalistas por la conservación y reducción de los impactos ambientales. En Estados Unidos se habla de transformación social a dos niveles: como estrategias de conservación y sustentabilidad y como movimiento político que llama a que se reintegre el poder a bioregiones definidas ecológica y culturalmente (Mc Ginnis 1999).

La bioregión debe producir todo lo necesario para mantener su población, llegando a una especie de autarquía ecológica y productiva. Como lo afirma Eduardo Gudynas (2002) las bioregiones se definen como espacios geográficos donde existen caracteres homogéneos desde el punto de vista ecológica, con fuertes vinculaciones entre las poblaciones humanas y complementariedades y similitudes en los usos humanos que se hacen de esos ecosistemas.

La complementariedad ecológica y productiva busca tomar provecho de las condiciones naturales de cada región para la producción; en otras palabras aplicar procesos productivos con los menores impactos ambientales. Cada bioregión tiene ciertas aptitudes productivas que resultan de los mejores balances frente a los impactos ambientales.

El Sur Oeste dominicano sufre una crisis social y ambiental cuya raíces se encuentran en sus clases dominantes y en las formas con las cuales hicieron su proceso de acumulación, que no se convirtió en progreso para la bioregión. El café, cultivado en las lomas y vertientes de la Sierra de Bahoruco y la caña implantada en la gran llanura deltaica del Yaque del Sur, fueron cultivos que propiciaron la formación de inmensas fortunas para los comerciantes nacionales y extranjeros, pero que no reinvirtieron nunca en la región, sino en plazas comerciales en la Capital y en otros negocios, el de la política en particular. Los bateyes de Tamayo y su permanencia en 2006 son las más violentas muestras de lo que afirmo.

No se puede hablar por eso de regionalismo autónomo, no existe en el SW ni en los comerciantes ni en sus políticos, consideraciones ambientales, ni sociales. Bahía de las Aguilas es un ejemplo y ahora la tentativa de sacrificar de nuevo, la Bahía de Neiba con la localización de las cuatro plantas de producción de energía en base a carbón en ese espacio simbólico, por su belleza extraordinaria y su inexploración, es la más grande muestra de la indiferencia de sus comerciantes, de sus políticos y otros industriales de la zona.

Culturalmente, la Bahía de Neiba es el paisaje, es la imponente Sierra a la punta blanca (de sus calizas) y la presencia silenciosa de un Mar Caribe que sirvió de cuna para la localización de Barahona, fundada por Toussaint Louverture en 1802. pero la Bahía de Neiba con la impresionante Sierra de Martín García es un enorme potencial económico para los que ven, más allá de su nariz. Es el porvenir del turismo de República Dominicana y debe ser la real implementación del ecoturismo, ese concepto burlado en nuestro país por sectores ignorantes. Ecoturismo es desarrollo local, es empoderamiento del concepto de valor ambiental, del “plus” que tiene una zona, para potenciar las habilidades de sus habitantes y los recursos que los rodean.

La costa sur tiene tres polos industriales: Haina, saturado o casi, Cabo Rojo y Pueblo Viejo. En esos tres polos deben concentrarse las industrias que el país necesita para su desarrollo pues en esas zonas existen: poblaciones desempleadas con grandes necesidades y deseos de trabajar, existen servicios e infraestructuras, y ahora con la carretera San Juan de la Maguana – Barahona, también se multiplicaran los flujos comerciales, en particular los agrícolas. Los tres puertos son hondos, reciben barcos de gran calado, están equipados, no representan costos suplementarios para los barcos cargados de carbón que llegan de Colombia, ya tienen mano de obra especializada en la zona y con viviendas propias, tienen vías de acceso de gran circulación, entonces, uno se pregunta ¿por qué insistir en hipotecar las potencialidades turísticas del Sur Oeste?

Porque insistir en contaminar las dos bahías que tiene el Sur, la de Ocoa y la de Neiba y que representan para la biodiversidad marina el hábitat idóneo en cuanto a protección, a tranquilidad, protegidas y pocas transitadas? Es, que nadie ve, los recursos potenciales del Sur Oeste? Es que hay un consenso entre las fuerzas sociales del Sur para resignarse y no apuntar hacia un desarrollo bioregional, sustentable.