La banca dominicana:la única con blindaje

JOSé LOIS MALKUN
A raíz de la crisis bancaria del 2003, se introdujeron en el país, por primera vez, fuertes regulaciones al sistema financiero dominicano. Durante décadas, muchos bancos operaron como chivo sin ley y bajo el amparo de influencias políticas.

Demasiado tiempo duró este desorden financiero y regulatorio para que el sistema explotara. De hecho, aquellos funcionarios que cuestionaron operaciones bancarias poco transparentes, terminaron fuera del puesto y los informes engavetados. Lo mismo sucedió con el informe de Aristóbulo de Juan en el 1999, que se guardó como secreto de Estado, aunque puso en evidencia serias irregularidades en algunos bancos. 

Pero lo que queremos destacar en este artículo es lo importante de tener la casa en orden cuando llegan los malos tiempos. Recuerdo que durante la elaboración de los primeros reglamentos de la Ley Monetaria y Financiera, se generaban agrias discusiones con los banqueros por la dureza de las nuevas regulaciones.

Sin embargo, la banca logró superarse e imponerse a estas duras exigencias. El costo fue alto para todos pero valió la pena. Porque de explotar la crisis bancaria en este momento, cuando el sistema financiero mundial está en alerta roja, la situación hubiera sido mucho más grave para el país.

Por otra parte, en su rating para el 2007 sobre los bancos dominicanos, Fitch hace recomendaciones  importantes para el fortalecimiento de la banca. Entre ellas, mayor capitalización, expansión controlada y cautela en los costos excesivos para manejar créditos de alto riesgo, como los de consumo.  Aun así, Fitch reconoce el gran crecimiento de la cartera en los últimos años y el buen nivel de solvencia, dándole una alta calificación a 20 de las 23 instituciones financieras del país.  

Por eso decimos que la banca dominicana es quizás la única con blindaje para enfrentar el tsunami que se aproxima. Y si bien es necesario modificar la Ley Monetaria y Financiera para fortalecer ese blindaje, hay que evitar excesos regulatorios que la debiliten. En tal sentido, el Congreso Nacional debe excluir de esa ley ciertos artículos intimidantes o que elevan innecesariamente los costos financieros de la banca.

En la otra cara de la moneda se observa la bancarrota institucional del Estado Dominicano, que no tiene ni cartón para escudarse. Eso incluye un entorno macro-económico muy frágil y contaminado por la manipulación estadística, que se agrava por el tenebroso e irresponsable manejo de las finanzas públicas.

Y el resto del sector privado está de capa caída porque sigue aferrado a sus viejas tradiciones y no logra superar sus ineficiencias y vulnerabilidades. Sea en la mayoría de las industrias, en la agricultura o en una buena parte de los servicios, la competitividad brilla por su ausencia. Porque lograr competitividad exige tantos esfuerzos institucionales y regulatorios como en su momento se le exigió al sistema financiero dominicano a raíz de la crisis del 2003. Ni las elementales exigencias del DR-CAFTA se han podido cumplir cabalmente, lo que nos impide aprovechar el mercado más grande del mundo.