La Biblia en las escuelas

Entraba apenas en mi adolescencia cuando la película Gandhi, del director Richard Attenborough, fue llevada al cine, pocas lecturas (el cine es una forma de lectura) han impactado tan profundamente mis creencias como esa película. A partir de ella indagué sobre la vida de ese extraordinario personaje, a la vez liberador político y líder espiritual de la nación india. Su propuesta bebía tanto de las tradiciones religiosas de la India como de la institucionalidad legal inglesa. Gandhi promovía la no violencia no como un acto político, sino como forma de vida.
Una de las formas de violencia que sufría su país era el de enfrentamientos violentos entre religiones. Dedicó gran parte de su vida a tratar de unificar visiones aparentemente irreconciliables entre credos religiosos. Y su propuesta era increíblemente simple: “La esencia de todas las religiones es la misma, sólo cambian sus enfoques”, también decía “Ganamos justicia más rápidamente si hacemos justicia a la parte contraria”
En nuestro país, la ruptura con la certidumbre hace que cualquier debate se haga sobre la base de dogmatismos y miedos. Ahora, como reacción a un supuesto plan (del todo inexistente y falso) de imponer una particular ideología de género que fomentaría “destruir la identidad sexual de los niños” se propone legislar para hacer obligatoria la lectura de la Biblia en las escuelas.
A pesar de lo equivocado del objetivo, “contrarrestar” la demoníaca (!) intención feminista de convertir en homosexuales a los menores de edad, me parece que la propuesta es hasta ingenuamente linda. La lectura de buenos textos nunca ha hecho daño, siempre que esa lectura se haga con corazón limpio, fuera del dogma, con mente y corazón abierto. ¿Qué otra forma de leer mejor que esa?
No creo que ni la educación sexual, ni la perspectiva de género en las escuelas sufra mella alguna con la lectura de la Biblia en las escuelas, siempre que respetemos ejes consustanciales a cualquier buena educación: la lectura comprensiva:¿Entendemos lo que leemos? y la lectura crítica de lo que leemos: ¿Sabemos el contexto de lo que leemos (a nivel literal, histórico y cultural)?
La palabra “obligatorio” me parece repugnante -sea que hablemos de educación sexual, de educación con orientación de género o de religiones-. La educación, como la proponía Rodó, debe ser libre, pero libre tiene que ser disponible, no ausente. Creo que sería prudente que esos dogmatismos, rabias, manipulaciones, o incluso certezas, las dejáramos de lado para ir a lo simple.
Lo simple: todos, hombres y mujeres somos creados iguales ante Dios (en casi todas las creencias religiosas) y eso debe enseñarse, la Biblia es un libro lleno de sabiduría sea que uno sea creyente o no, y no hace daño leerlo diario en las escuelas, especialmente en una cultura predominantemente católica y cristiana. Y todo aquel que quiera, porque profese quiera o estudie otra forma debería poder exigirlo y tenerlo disponible; porque la libertad de cultos no es para mayorías o minorías, es para todos. Tal como Gandhi decía, sea ley o no, “Cada uno reza a su dios a partir de su propia luz”.