La bola está en la cancha del Ministerio Público

La sociedad dominicana espera que el Ministerio Público profundice lo máximo posible para que establezca las reales causas que llevaron al arquitecto David Rodríguez García a quitarse la vida con el dramatismo que lo hizo. Y que establezca, además, si ciertamente existe o no en la Oficina de Ingenieros Supervisores de Obras del Estado (Oisoe) un entramado corrupto que reclama sobornos y chantajea a los contratistas cuyos cobros dependen de una decisión de esa entidad. Rodríguez García dejó por escrito elementos suficientes para seguir una investigación, y ayer la Unión Nacional de Maestros Constructores aludió al tema y dijo, a través de uno de sus principales directivos, que en la Oisoe supuestamente opera una “mafia” que obliga al pago de un porcentaje que va del 10 al 20% para otorgar obras públicas.

El nuevo director de la Oficina de Ingenieros Supervisores de Obras del Estado actuó rápidamente con una responsabilidad que lo engrandece y depositó ante la Procuraduría Especializada de Persecución de la Corrupción Administrativa una denuncia o solicitud de investigación de los señores mencionados en la nota dejada por el arquitecto Rodríguez García. Ahora le toca al Ministerio Público hacer cuanto sea necesario, sin timideces ni mediaciones, para esclarecer este hecho tan lamentable como repugnante, y hurgar en aguas profundas y rendir el informe que la sociedad espera.

No quisiéramos, pero somos pobres

Como quiera que se mire, la sociedad dominicana está integrada por personas que en su mayoría son pobres. Tenemos el deseo, todos, de que no sea así, pero nuestras calles están llenas de millones de personas que luchan a brazos partidos para conseguir el pan de cada día. Y lo hacen en lo que pueden, a veces en tareas claramente indignas. Pero tienen que llevarse el pan a la boca. Tienen que conseguir “algo” para la familia, casi siempre una familia extendida. La pobreza, como se sabe, más que la falta de ingresos materiales para financiar los alimentos básicos que una persona necesita para sobrevivir es una “subcultura”. A este fenómeno hemos de atribuir entonces ese comportamiento colectivo que tanto nos sobrecoge y nos desanima. Ojalá que lleguen tiempos mejores.