La bomba haitiana

Hace un lustro publiqué un artículo con idéntico título cuya síntesis deseo reproducir hoy, porque mucha gente de buena fe cree que el principal problema haitiano es el devastador terremoto que recién desoló Puerto Príncipe.

Lo que opiné era esto: “Un día de estos oiremos un “pum” inmenso y antes de que nadie se dé cuenta de nada, comenzará un lamento colectivo, pues Haití habrá explotado. Vistas sus circunstancias lamentables, quizás en lugar de explosión deberíamos decir implosión, pero sea una cosa u otra, hará “pum” y la salpicadura afectará más que a nadie a los dominicanos.

“Alguna gente, especialmente en Washington, cree que en Haití las cosas se arreglarán imponiendo la democracia. Ese error es un sueño idealista de gente que nunca ha olido los aires de Cité Soleil, ni visto cómo el pueblo haitiano carece de la más mínima cohesión o idea de nación. Como muestra, sólo habría que señalar que la religión abrumadoramente mayoritaria, el vudú, es de las pocas creencias religiosas que carece de un código de ética.

“En efecto, mientras los cristianos y judíos poseen los diez mandamientos, los musulmanes las enseñanzas de su profeta Mahoma, los budistas y demás creyentes en religiones orientales diferencian claramente las consecuencias del bien y el mal, en Haití el vudú enseña que a las deidades se les puede pedir cualquier cosa, como por ejemplo la muerte de un enemigo o algún daño para el vecino que nos disgusta.

“Muchos otros datos ilustran la imposibilidad de que implantar alguna falsa “democracia” sea el camino para hacer de Haití un estado viable. Sus propios líderes emplean métodos evidentemente antidemocráticos, como es el caso del depuesto Jean Bertrand Aristide (quien ya dijo quiere volver).

“En 2005 la revista “The Economist” resaltaba que los jefes de la misión de la ONU en Haití insisten en que la seguridad pública debe ir de la mano con programas sociales y económicos para las depauperadas masas haitianas. A pesar de promesas de ayuda por valor de más de mil trescientos millones de dólares, en una conferencia de donantes en 2004, muy poca de esa ayuda ha llegado a Haití”.

Marisol Vicens ha indicado en un brillante artículo ayer en El Caribe que debemos “reinventar a Haití” pero sólo puede hacerse contando con los haitianos. El terremoto sólo empeoró una situación de por si imposible.