La brecha tecnológica

La brecha científica y tecnológica entre los países avanzados y naciones como la República Dominicana crece cada vez más. Estados Unidos, la Unión Europea y Japón concentran más del 80% de los proyectos de investigación y desarrollo. El 70% de los conocimientos producidos se desarrollan en estos países. El 10% de los proyectos restantes se realizan en los países industrializados del Sudeste asiático.

Buena parte de la investigación y el desarrollo que se realiza en las naciones industrializadas, se concibe en relación con las prioridades nacionales: ya se trate de asuntos de defensa, de progreso socio-económico o de hegemonía geopolítica.

Los países del Sudeste asiático entendieron que ningún país en el mundo se ha desarrollado si no invierte ingentes recursos en ciencias básicas, ciencias aplicadas, técnicas y productos con alto valor agregado.

Por eso, a partir de 1960, el Estado y el sector privado, con inteligencia y visión de largo plazo, crearon las condiciones institucionales para el cambio tecnológico. Su capacidad para utilizar tecnología importada y producir en base a ella productos mejores y más baratos, así como su capacidad para innovar, produjeron una expansión económica que elevó que la calidad de vida de sus habitantes.

Por ejemplo, Taiwán, en el contexto de la Organización Mundial del Comercio (OMC), está financiando infraestructuras para el control de la contaminación, el ahorro de energía, dando exenciones fiscales para industrias de alta tecnología y apoyando la investigación y desarrollo.

En lo que concierne a América Latina, la experiencia ha sido diferente. Aquí el proceso de industrialización comienza a acelerarse desde la Primera Guerra Mundial y recibe un nuevo impulso a raíz de la crisis de 1930.

Es una coyuntura donde el Estado desempeñó un papel importante que se inició con el modelo de sustitución de importaciones y que introdujo la planificación y el fomento al desarrollo sectorial.

Sin embargo, no pudo resolver los problemas de acumulación e inversión eficientes del ahorro nacional. Tampoco creó las condiciones políticas y económicas para desarrollar un complejo industrial basado en su propia capacidad de innovación tecnológica.

Por el contrario, la actualización tecnológica de estos países depende aún de empresas de origen extranjero, ya que ese proceso, en general, no fue el resultado de decisiones deliberadas de parte del liderazgo nacional de entonces.

En lo que tiene que ver con el acceso a las nuevas tecnologías, en el contexto de los tratados de libre comercio que Estados Unidos está implementando con las naciones como la República Dominicana se presenta una disyuntiva.

Las grandes corporaciones son las principales creadoras de nuevas tecnologías. Conscientes de esa situación, tratan de endurecer y reglamentar el acceso de los países de la región, a las modernas tecnologías, a través de los derechos de propiedad intelectual.

Un mayor control y regulación de los mercados tecnológicos tiene como consecuencia precios más altos, mayores rentas monopólicas y menos posibilidades de desarrollo para países como la República Dominicana.

Más grave aún, cuando una nación pobre decide defender sus posiciones en un TLC, ALCA o la OMC, se le amenaza con retirarle la ayuda o las preferencias comerciales. ¿Es esa la democracia que se practica en el contexto internacional?