La calma oficial de los 100 días

FABIO R. HERRERA-MINIÑO

Ayer se cumplieron cien días de la juramentación del presidente Fernández. El período ha sido interesante para determinar cual será el rumbo futuro de su mandato, y de como el pueblo y su partido, lo van a respaldar, cuales escollos va a encontrar, con una oposición maltrecha, desorientada y sin argumentos que le sirvan de base para una oposición sensata y razonable. Lo que el pueblo anhelaba, y al fin parece que se va cumplir, de castigar a los funcionarios corruptos del período anterior, que tan descaradamente abusaron de los recursos del país, se destapó como algo increíble e impactante, cuando destacados personeros del Plan Renove, están siendo investigados exhaustivamente por la justicia por un desfalco denunciado por autoridades del gobierno anterior desde hace meses, y la gente se horrorizó por las indelicadezas cometidas en torno a suministrar autobuses a los más variados sindicatos, pero todos unidos a las autoridades del PPH, que utilizaban los más variados métodos para recibir los beneficios de tantas operaciones comerciales, como evidentes violaciones a los más simples códigos de ética del buen comportamiento social.

El mensaje gubernamental ha sido tímido en muchos aspectos. A veces demuestran que no tiene acciones definidas para enfrentar la crisis heredada. De ahí las contradicciones que han surgido por las declaraciones de altos funcionarios, que han servido para asustar a mucha gente, y otras, a preocuparse, al ver de como el presidente dice que se alegra por el descenso de la prima, y a las pocas horas, un funcionario dice que el gobierno ha preparado su presupuesto para el 2005 en base a una prima de 37 por 1. Eso puso nervioso al país, que ya comenzaba a disfrutar de un dólar en descenso franco, y pese a que con sensatez se ha rebatido ese desliz verbal explosivo, todavía surte sus efectos, ya que no se llega a como estaba la prima hace 12 días. Con sensatez se ha combatido esa metedura de pata, similar a la de otro importante funcionario que alborotó el desorientado avispero perredeísta, al atacar de frente a la acción del gobierno anterior de traspasar a los ayuntamientos decenas de equipos pesados para atar de brazos al gobierno central, que se encontró que Obras Públicas, no tenía equipos para labores de mantenimiento, ni mucho menos para construir caminos.

Lo bueno de estos primeros 100 días ha sido ver que ya el PLD es un partido de masas, cuando decenas de sus militantes en todo el país, invaden las oficinas públicas, demandando empleos o expulsando a los incumbentes nombrados por su propio partido. Eso de seguro debe satisfacer a sus dirigentes de que ya no tienen un partido, que en 1996, llegó al poder con no más de 15 mil cuadros disciplinados, y según ellos, mejores que el resto de los dominicanos, de acuerdo a la tesis morada de aquel entonces.

En estos cien días se ha trabajado afanosamente para frenar la caída financiera, que lleva encadenada el colapso de varias instituciones bancarias y financieras. Acciones específicas fue la de reducir los altos intereses que se ganaban con los certificados de participación del Banco Central, los cuales ocasionaban temores severos acerca de la salud del sistema bancario. Parecía que el país se encaminaba hacia la argentinización de la economía, pero el Banco Central pudo revertir el proceso, de manera tal que se podría pecar de excesivo optimismo para decir que ya las recetas del FMI no son necesarias para asegurar la recuperación económica nacional, siempre y cuando se logre castigar a los que llevaron a la quiebra tres bancos, y con ellos, al país entero. Una vez más se comprueba que hay excelentes profesionales nacionales, que con tenacidad, han sabido rescatar al país del hoyo en que se había sumergido, donde lo más repudiable fue de como lo llevaron a un exagerado endeudamiento externo que nadie sabe como se logrará amortizarlo en los próximos años.

Si positiva ha sido la recuperación de la economía, y de haber frenado la inflación, así ha sido negativo, en estos primeros cien días, de que además de las contradicciones entre los funcionarios, también existía la velada intención de querer imponerle una mordaza a los medios de comunicación bajo el predicamento de que a la ciudadanía no se le debe mortificar con noticias malas, y aun cuando eso fue ratificado, queda la surrapa de que tarde o temprano podrían volver con tales proyectos totalitarios, que ya una vez Hitler implantó con la ayuda de su ministro de propaganda Goebbels.

Uno de los sucesos más significativos de estos cien días, es que las relaciones entre el Congreso y el Poder Ejecutivo, no transitarán un camino de rosas. La ciudadanía está preocupada frente a un enfrentamiento en ciernes y de un gran deterioro. Se verá a un presidente constitucional tomando muchas decisiones por decreto, e ignorando un Congreso que algunos de sus miembros solo conocen de adhesiones cuando se les atiende generosamente.