La carretera Sur-Cibao: el desarrollo desde la geografía

Cada cierto tiempo, se pone sobre el tapete el tema del “desarrollo” los de Cotuí, los de Pedernales, los  de San Juan lo quieren. Situación recurrente a lo largo de los decenios pasados: como fue el lodo cloacal de Oviedo (1983) o la tala de los pinos en Santiago Rodríguez (1987) la cementera en Los Haitises. Hoy el oro de Pueblo Viejo, la explotación de Loma Miranda, las tierras de Bahía de las Águilas o la carretera Valle del Cibao-Valle San Juan para “unir dos valles”: todo esto se plantea  en nombre del “desarrollo del municipio” o de la “región”. Y es obvio,  que esa situación traumática y angustiante para el país es producida, no por el desarrollo que supuestamente se busca, sino por las implicaciones sobre las tierras, la concentración de la propiedad, la deforestación, las plantaciones forestales, los proyectos inmobiliarios que vienen, atrás y con el “desarrollo”.

Esos impactos son agravados por la inexistencia de una política nacional de desarrollo que  se centre en el desarrollo “sostenible y endógeno” y  esa ausencia de perspectiva de desarrollo nacional  implica la inexistencia  de ordenamiento regional y territorial. Y peor todavía,  nunca ha existido una política de desarrollo ligada con el desarrollo de las ciencias, en particular apoyándose en los conocimientos de la geografía del país.

 Por esos motivos, no ha habido políticas de desarrollo de las costas, de los valles ni de las montañas, como si no existiera una relación directa entre capitales/recursos renovables o no/espacio. Es verdad, que esas políticas de desarrollo fueron siempre impuestas por los organismos financieros internacionales pero creemos que pronto se cortará esa relación de poder porque desconociendo las geografías nacionales y las culturas locales,  se nos imponen  con las complicidades empresariales  nacionales y extranjeras, proyectos  contraproducentes, como una espada de Damocles, encima de nuestro futuro, amenazando con la destrucción de todos los recursos involucrados en una lógica que responde  únicamente a la reproducción del capital: sean costeros, de montaña, culturales, naturales en nombre “del desarrollo” se involucran tierras para  la especulación inmobiliaria y  la explotación de recursos hasta ahora no explotados.

 El país debe saber que los valles existen porque existen las montañas, estas son almacenes de agua e incubadoras de la más rica biodiversidad, nuestra riqueza tropical:  destruir o variar las condiciones ambientales de las montañas, es destruir los valles. ¿Es eso lo que se quiere?