La Casa Verde de Mario Vargas Llosa: una lectura visual Con una dedicatoria a mis círculos secretos de lectura

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Estamos en el Norte, en un mundo selvático con sus ríos caudalosos imponentes, afluentes del río Amazonas, que alimentan una selva intensa de una fuerza vegetal y animal inagotable, con una alta peligrosidad y misterio donde confluyen y se entrecruzan todos los destinos de la novela.
En esta biblia literaria, el autor se esmeró construyendo una estructura literaria arquitectónica, difícil de manejar por los lectores. Pero, poco a poco, después del primer capítulo entramos en el telón de la complejidad, como si estuviéramos penetrando la misma selva que nos impone avanzar y a la vez retroceder para ir marcando el camino y llegar a nuestro destino…
Según vamos penetrando las historias de cada personaje, vamos entendiendo cada una de ellas como figuras imprescindibles de una gran película de largo metraje en la que los hombres y las mujeres se enfrentan, se temen, se aman y huyen perseguidos por el instinto, y la violencia que les convierten en seres al límite del salvajismo.
En los inicios de la novela, construida al igual que una catedral de Gaudí, encontramos los trucos de lectura para entrar en ella.
Los capítulos se enredan como en un laberinto por descubrir, entre largas efusiones de una narratología de descripciones de los ríos, de los arenales, de las ensenadas y los bosques opacos entre nieblas, lluvias, rápidos y pueblos indígenas.
Avanzamos con los destinos de dos mujeres indígenas guarunas, que desde niñas cayeron en misiones de monjas evangelizadoras para llegar a la civilización cristiana, donde conocerán toda la violencia que significa el encuentro con el mundo post-colonial de las ciudades provinciales en las que la pequeña burguesía juega un doble papel moral, tanto con la Iglesia como con el poder. El autor no se ahorra ninguna revelación sobre el machismo salvaje y criminal, sobre la agresión de las violaciones y de los incestos, sobre la trata de niñas ingenuas ofrecidas y vendidas a las familias de notables, sin reparos de conciencia y muchas veces ofrecidas por las instituciones religiosas de monjas. Todo este dramático escenario humano tenemos que ubicarlo en los años que preceden la colonia de la primera mitad del siglo XX. Entendemos que el autor quiso evidenciar una territorialidad peruana que él conoció en su juventud, pero que no estaba todavía en el mapa del conocimiento de toda la población. Es un mundo por descubrir, abierto al imaginario y Vargas Llosa supo con arte ponerlo en el relieve de su escritura.
Pero, el destino cumple con la complejidad del tiempo y del espacio, así como de las circunstancias de los años. Esas niñas perderán su inocencia enfrentando los obstáculos de la vida, para desembocar en la ciudad de Piura, ubicada en el desierto del litoral peruano, donde don Anselmo y su hija “la Chunga”, conocida como Chunguita, abrió una “casa alegre”, conocida también el Caribe, como una “casa de citas”…. llamada La casa verde, nombre de la novela.
Por encima de la dificultad de lectura, esta obra marca en Vargas Llosa un ardiente momento literario, era el inicio del “boom latinoamericano”, donde a través de una búsqueda estructural experimental quiso en los años sesenta celebrar el Perú que dejó, el Perú de las distancias y de toda una territorialidad por descubrir entre el aceleramiento de la modernidad y la permanencia de comunidades indígenas en lo más lejano y hondo de la selva amazónica. La protagonista femenina, Bonifacia, se llama justamente “La Selvática” cuando sirve los antojos masculinos en la Casa Verde.
Hablamos de lectura visual por esa fuerza de visibilidad que nos ofrece el autor en cada una de sus palabras, en el ritmo de sus frases, en la simbiosis de sus lenguajes como “collages” de palabras entre lengua española, modismos lingüísticos, indígenas, semánticas, que suenan como ideogramas cuando el discurso varía en la boca de los cholos y de los indios. Es ahí donde la literatura es obra plástica, porque logra ir más allá de la coherencia sistemática del significado y ofrecer un cuadro en el sentido visual de todo el entorno físico y emocional como una película de tecnicolor, cuyo afiche podría ser la misma selva del cubano Wilfredo Lam, o un escenario naturalista de Carreño o de Tomás Sánchez.

Tenemos en esta novela los mundos y los submundos de toda América, presenciamos un desfile de personajes sospechosos al límite de la ley, muchas veces fuera, contrabandistas, criminales, machos agresivos y violentos, militares y notables corruptos, que poco a poco llevan la novela hacia un final donde todos los personajes, hombres y mujeres caen en la desgracia y el olvidocuando no, en una descomposición de su propio ser.
Frente a todo esto, es una obra fundamental en la Historia de la literatura latinoamericana, pero también, es una obra singular dentro del conjunto de la producción de su autor.
Es una novela clave, en la que el autor nos ofrece un Perú todavía por explorar, un escenario que como en la Vorágine de José Eustasio Rivera, los seres instintivos, sin socializar conviven en una selva de salvajismo y pasiones.
Aparecen múltiples recursos de escritura. Una maravillosa lengua española, concisa, precisa con eficiente semántica, entrecruzada con modismos lingüísticos locales y recursos de estilos directos e indirectos, que confirman en Mario Vargas Llosa el arte y el oficio de escribir.
La lectura de esta obra es emocionante, porque le pide al lector todo un proceso de adaptación como a sus mismos personajes, pero el lector atrevido y atento no se puede perder, todo lo contrario, tiene que sacar de sí toda su inteligencia y sensualidad para penetrar en esta foresta abrumadora de realidades fraccionadas hasta comprender que según avanzamos en su complejidad, entendemos que el enlace de los mundos y los submundos corresponde a la misma estructura de la novela, que no es más que toda la complejidad de la estructura histórica y humana de nuestra América.

Mario Vargas Llosa, premio Nobel de Literatura 2010, nos invita a compartir una aventura pasional en concierto con toda una aventura arqueológica y antropológica del Perú amazónico. Estamos frente a una obra edificadora y simbólica.

Atrévanse a entrarle a esta novela “La casa verde”, muy leída hace más de dos décadas, por lo que podemos volver a ella.