La catástrofe que vivimos supera la ficción conocida

“Siempre que se hace una historia se habla de un viejo de un niño o de si”, escribió Silvio Rodríguez para describir al “Elegido”, una de sus más impresionantes creaciones, que rescato de mi memoria en esta entrega en la que quiero plasmar algunas vivencias de la obligada cuarentena a la que nos ha sometido la pandemia de la que nadie en el mundo pudo prever.

La primera fue una comunicación que le dirigí a mis nietas, a quienes no veo hace más de dos semanas por mi encierro preventivo, la cual comparto: “Aunque no me sientan, estoy pendiente de ustedes. Espero que también piensen en mí”.

Les confieso que tengo mucho miedo, no necesariamente por la muerte, sé que algún día llegará, pero ¡me importan tantas cosas que todavía tengo por hacer en este mundo…!

Quiero que sepan que nunca habíamos vivido algo como esto, nos estamos entrenando con el día a día, y lo que vivimos es una amarga experiencia que nos servirá para desafiar el porvenir.

Podrán contarles a sus hijos y nietos sobre esta vivencia y recordar que todo lo malo tiene algo bueno. Ahora lo bueno es el silencio y ver cómo el encierro nos presenta un planeta que en dos semanas mostró cómo la acción de los humanos lo afecta.

Llegó la primavera con todos sus brotes, sus flores, su gran luna de gusanos que no logramos disfrutar por el encierro. Pero la primavera no sabía de coronavirus, la luna de gusanos no lo sabía/ mientras los árboles, los ríos y las aves están sorprendidas por el silencio de la gente.

Esta Semana Santa vacacionan las playas, los ríos y los mares, ¡¡porque sencillamente estamos en cuarentena!!”
Un amigo de mi hijo se mostró preocupado al expresar:” Qué pasará cuando al fin de mes se declaren en quiebra empresas, algunas grandes y muchas pequeñas, y no puedan pagar la quincena a los empleados. De que va a vivir el 54% de los asalariados. Sin pensar en los que son chiriperos”.

Le dije a mi hijo que explicara a su amigo que, las circunstancias imprevistas y los asuntos de “fuerza mayor” son las atenuantes ante la pandemia; que hay que asumir que el mundo cambió, que el desafío es saber cómo afrontar cada día, cómo sobrevivir a esta crisis que nos afecta por igual a todos; cuando esto pase se impone un nuevo contrato social, (un perdón de los pecados), reorganizar la vida sobre la base de nuevos valores; en eso es que hay que pensar cuando pase esta pesadilla, y concluí: Ya quisieran muchos perder las propiedades y no la vida.

La otra fue una respuesta a mi hija, que me envió un mensaje con muchas caritas llenas de lágrimas con las palabras: “me hacen falta mi mai y mi pai”, y le respondí: Estamos vivos y el encuentro se producirá después que pase la pesadilla. Deberá pasar como los malos sueños y habrá un despertar con un amanecer diferente. Un nuevo sol, un nuevo cielo y una tierra lista para acogernos después de haberla abandonado. Es posible que nos esté extrañando, como las madres sienten la falta del hijo travieso que se fue de vacaciones.

Ella, como madre, nos recibirá con su gran vestido verde, perfumado con el aroma de sus flores y la frescura de su aliento, convertido en una tierna y agradable brisa de aire puro. Ella aprovechó nuestra ausencia para limpiar la casa, quitar el desorden que hicimos y demostrarnos cómo es que ella quiere que convivamos en su hogar.