La  Chascona,  otro  rinconcito de Pablo Neruda

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SANTIAGO DE  CHILE :  Después de atravesar calles  y avenidas, unas muy lindas otras acomodadas a la vida de los santiaguinos, que agitan su paso entre el vaivén de turistas, el trabajo, la  lluvia y el  frío de la ciudad, llegué, junto a mis amigos Carmen, Diego y Arturo, al otro refugio del poeta chileno Pablo Neruda: La Chascona.

El barrio de Bella Vista es archifamoso, precisamente por ser el lugar donde se encuentra este museo que resguarda en su interior otra parte de la vida de quien nos  hiciera soñar  tantas veces con su  “Crepusculario”, “Confieso que  he vivido” y “Poema 20”.

Compramos nuestro pase, que cuesta aproximadamente  diez dólares, nos acomodamos  y esperamos  un  turno en español para el recorrido.

Espero en  una cafetería, terraza, sala de espera, con un piso de madera que en su centro deja pasar el gran tronco de un árbol, indudablemente un agregado a la casa, hecho quizás por la Fundación Neruda con el fin de acceder en forma más ordenada a La Chascona. Es de piedra y madera.

Descendemos hasta la parte  donde se ubica el comedor, lleno de objetos de colección, como copas portuguesas, figuras de Costa de Marfil, loza inglesa, artesanía rusa y el mueble bar que era el bar de un barco. El piso, hecho de mosaico de piedra, es ¡impresionante!  Una puerta que parecía un armario se abre y  nos conduce a la cocina.  

En un  pequeño escritorio  están los manuscritos de “Los versos del capitán”, publicado en forma anónima porque su relación con Matilde era clandestina.

Arriba está el dormitorio principal, tiene salida a una gran terraza, semi inclinada simulando la proa de un barco.

Amor clandestino

Domina el lugar un cuadro de Matilde con dos caras y una gran cabellera; una cara era Matilde y otra  Rosario (su otro nombre) .