La ciudad es obra de todos, no de una parte

La ciudad es obra de todos, no de una parte

La diversidad constituye la esencia de cualquier espacio

La ciudad constituye un tema medular en el pensamiento marxista. Esta tiene su origen en la lucha entre los propietarios de la tierra y los incipientes núcleos de artesanos/capitalistas, asentados en los espacios que se convirtieron en urbanos.

En estos no solo nació la libertad de comercio, sino también la relativa libertad y organización de los trabajadores. La ciudad es, por tanto, un producto histórico/social de lucha de clases en permanente proceso de construcción, perenne levadura del pensamiento libre, de pluralidad, de ideales colectivos e individuales. En tanto construcción colectiva, todos los sectores que configuran su tejido social tienen derecho a ser parte de ella, y solo tiene sentido si se expresa social y políticamente como pluralidad de actores.

El desarrollo capitalista convirtió la ciudad en la principal empresa de cualquier país, región, provincia o municipio. En tanto mercado, es también el principal lugar de relaciones políticas y sociales y de intercambio de mercancías producida in loco y/o en su entorno rural. Pero es un mercado que crece y se reproduce en medio de grandes contradicciones, su construcción como lugar o espacio material para la reproducción del capital, genera y potencia una incesante plusvalía.

De esta riqueza, socialmente producida, su cuasi único beneficiario es el sector privado. Por consiguiente, la regulación de esa indeseable lógica de la producción del espacio podría generar recursos para paliar las extremas desigualdades sociales.

Un ejemplo, la Winston Churchill tiene el más importante bulevar del país, eso determina que allí el costo del metro cuadrado de suelo puede sobrepasar los 3,300 dólares, los costes de la infraestructura vial y paisajística de ese paseo urbano recayó sobre los hombros del sector público y de esa plusvalía, generada por la inversión estatal, es nimia la cantidad que retorna a la colectividad vía impuestos.

Lo mismo sucede en toda obra pública en las ciudades, sobre todo en sus zonas céntricas y en el centro histórico del DN. A ese propósito, es importante que la comunidad tenga eso presente ante el anunciado proyecto de regeneración de la Duarte/París.

En la reproducción del espacio de las ciudades de países socialistas, el Estado, para bien, tiene una función más interventora.

Según García Pleyán y Núñez Fernández, en La Habana el Estado interviene seriamente en la recuperación plusvalía, a través de impuestos a la sostenida inversión inmobiliaria de capital extranjero conjuntamente con el sector público. Además, contribuye a su desarrollo, la inversión de los operadores de más de 2,000 actividades cuentapropistas legales en Cuba, en su mayoría allí radicados, potenciando la economía urbana de esa y otras urbes, e igualmente la economía nacional.

También ellos y todo el pueblo construyen la ciudad, y contrario a la bravata de las autoridades, las calles les pertenecen. No “son solo de los revolucionarios”.

Recordar, la diversidad constituye la esencia de cualquier espacio, es su dínamo, sin ella resulta insostenible todo intento de revitalización o regeneración de cualquier ciudad. Sin pluralidad muere la política, desaparece la separación entre lo público y lo privado y el Estado avasalla al individuo.

Se vuelve al medioevo. El derecho a la participación social y/o política en la construcción y regeneración de los espacios urbanos es inalienable.

Es el curso que ha tomado la historia, inobservar ese derecho, obstaculizarlo o ignorarlo es continuar construyendo ciudades, independientemente de su signo político, que crecen sumidas en el caos, las desigualdades y las iniquidades.

El desarrollo capitalista convirtió la ciudad en la principal empresa de cualquier país o región