La cognición social

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Se ha determinado que la sensación de la valoración propia, esto es, nuestra “autoestima”, guarda estrecha relación con el área cerebral situada en la profundidad del lóbulo temporal medial. Esa estructura en forma de herradura –Hipocampo- está más desarrollado en las personas que tienen temperamentos controlados, aquellos que tienen patrones de conducta con autodominio para convivir y socializar, que son manifestaciones de la llamada –inteligencia social.

La cognición social, procura estudiar y explicar cómo los pensamientos, las sensaciones y el comportamiento de todos los humanos, se ven influenciados por las percepciones sociales y culturales. Para la obtención de estos propósitos, las neurociencias se valen hoy día, no sólo de la tecnología computarizada, sino por igual del estudio de la conducta humana, en las que se incluyen muestras diferentes, que van desde las valoraciones de las expresiones faciales, hasta estudiar las actitudes y el procesamiento de las emociones, no sólo en humanos, sino por igual en los animales.

Los estímulos culturales y sociales, ejercen una acción constante sobre el cerebro y tienen repercusiones de  diversas intensidades, relacionadas siempre con su potencia y duración. La consecuencia más clara, mejor estudiada y comprendida es el aprendizaje, que se define como: el resultado de la exposición repetida a los cánones de estimulación tanto en lo social como lo asimilado, con cambios cerebrales permanentes.

Modernamente se acepta que la “Teoría de la Mente”, es la capacidad de reconocer la naturaleza de nuestras creencias frente a los demás. Hoy sabemos que es de vital importancia para la vida en avenencia social y para la trasmisión de la cultura. Cultura, palabra que al mencionarla solemos considerarla sólo como equivalente a aspectos mentales y sociales muy elevados, como el arte, la literatura, la pintura, etc., pero no, la cultura tiene que ver con todas las  expresiones y manifestaciones de la vida de una sociedad.

Como compleja es la sociedad, así de complejo es el funcionamiento cerebral, pues para cualquier proceso “cognitivo”, se necesita la orquestación de diferentes conocimientos y  distintas áreas cerebrales actuando al unísono. La determinación de lo que sería un-cerebro social-, el que se logra como interacción entre los factores biológicos, que recibimos en un 50-50, cada mitad de nuestros padres, en equitativa herencia, con los factores culturales que intervienen, influyen y modulan nuestro comportamiento. La experiencia más reciente es la cibernética, invento humano que ha cambiado nuestras formas de pensar y desenvolvernos, son “revoluciones” periódicas, que cambian nuestros cerebros. No sabemos con certeza cómo actúan estos factores externos, pero esta novel rama del saber nuerocientífico, las “Neurociencias Cognitivas”, ya tiene algunas respuestas.

Pacientes con daños en las áreas de las cortezas pre-frontal e hipocámpica, tienen déficits severos en lo que respecta al orgullo propio, la vergüenza, el arrepentimiento y sobre acciones socialmente cuestionables, pierden los afectados la capacidad ejecutoria, pierden la intencionalidad de la acción, se “desinhiben”. Aunque pueden detectar algunas implicaciones sociales en su accionar, no pueden tomar las decisiones apropiadas y lo peor, es que no reparan en las consecuencias futuras, buenas o malas que puedan derivar de cada acción, por el daño cerebral. Estas son las áreas intervenidas en los casos de  psicópatas irrefrenables.

 ¿Será esta área fronto-temporal el asiento de nuestro “cerebro moral”? Todavía el camino para esclarecer y comprender el complejo comportamiento humano es muy largo.