LA COLUMNA DE HORACIO

Comportamiento de los  precios según la geografía
Un presupuesto de amigos para llenar de caldo, víveres y buenas carnes la olla que al fuego pondrán el sábado en un sombreado patio de Arroyo Hondo rendiría más y costaría menos si van a buscar los ingredientes al Mercado Nuevo.

Si los compraran en los alrededores del punto de encuentro tendrían que pagar el doble por lo mismo o quién sabe.

Y si alguien regala un pollo entero a una familia pobre del kilómetro 9 de Las Américas,  los beneficiarios podrían suponer que costó un dineral que es a como lo venden en su sector; aunque en realidad pudo haber sido adquirido  en un baratillo “para ricos”  a nivel de la avenida Lope  de Vega.

Aquí se dan unos extraños procesos ascendentes en los precios. La libra de arroz que pueda parecer algo cara en grandes establecimientos del centro de la ciudad, allá lejos, en Villa Mella, resultará incomprable a pesar de que toda la inversión del gobierno en ese lugar fue para “elevar” el Metro, no el costo de la vida.

Mientras más lejos y mareadas llegan las frutas después que salen de los mercados  de la Feria Ganadera y la avenida Duarte, más altos son sus precios. A las lechosas de los expendedores barriales habría que atajarlas antes de que crucen los puentes para que se puedan comprar.

Algunos dirán que de todos modos, la vida cuesta mucho en este país. Por eso aunque noto cambios extremos de precios de un lugar a otro de la geografía, no recomiendo a nadie que se ponga a recorrer la ciudad en busca de plátanos, batatas  y costillitas ahumadas fáciles de comprar. Pero si alguien insiste en eso, que lo haga en bicicleta, a puro pedales, para no gastar en combustibles, pues entonces la sal saldría más cara que el chivo.