LA COLUMNA DE HORACIO

Adversidades que cruzan los mares
Hace tiempo que no se puede decir con mucho fundamento que el hombre es él y sus circunstancias, pues la importación de males se ha hecho común. La intoxicación por plomo de  juguetes de Matel no habría tenido  nada que ver con la realidad  occidental de vida sino con la pasión por el dinero de unos chinitos que exportan de todo, incluso su falta de escrúpulos.

Somos testigos de la forma veloz en que los pollitos aumentan  de peso en galpones propiedad de dominicanos, bajo marcas criollas y con operarios que de noche prefieren ron y merengue. Pero el precio final de la pechuga que llega a nuestra mesa tiene que ver más con la idea bárbara de George Bush de usar el maíz  de allá para etanol que con el papel que aquí juegan las granjas en el “ensamble” de la carne blanca.

Para poder consumir y pagar, en este país  importamos hasta los efectos instantáneos de los sanantonios  del presidente Hugo Chávez y las maldiciones de Ahmadineyad, el de Irán. Si el mandatario venezolano amanece colérico  expresando deseos de que el barril de petróleo llegue pronto al precio de los 200 dólares para mortificar a EUA, aunque se trate de una idea descabellada todavía, los mercados lo toman en serio y suben dos mil puntos a  la cotización  dizque para irnos preparando. Y si el jefe de Irán pide borrar a Israel del mapa somos nosotros los de la clase media dominicana los que tenemos que suprimir algunos y disfrutes de la vida ordinaria para poder seguir solventando los gastos en combustibles.

De repente, los derivados del petróleo pasan a costar como si ya, efectivamente, la población judía del planeta estuviera sustancialmente reducida.

horacio@hoy.com.do