LA COLUMNA DE HORACIO

Doradas encuestas personales
Los políticos son seres normales, como cualquiera de nosotros aunque a veces no lo parezcan. Desayunan, almuerzan y cenan. Y donde quiera se topan con un compadre,  múltiples parientes y halagadores  vecinos, además de los compinches obligados del partidarismo.

Y como se mueven mayormente en un mundo de afinidades, están condenados a escuchar la insistencia de una misma campana: “usted es mi candidato, y no solo porque somos amigos viejos. Esencialmente  porque es el mejor de todos”.

Otro le dirá: “Ayer estuve en una reunión con mis compañeros de la oficina y de lo que  más se habló fue de que usted es el seguro ganador  de las próximas elecciones. Lo felicito de antemano”.

Se expone el político a que el abogado, amigo de infancia que sueña con ser canciller aunque no daría ni para fiscalizador, lo entrecoja un día para elevarle el ego más de lo que está con una  supuesta revelación: “Vengo de Hato Mayor  donde comprobé que la gente solo permite que en las paredes peguen los afiches que tienen su fotografía. Allá usted es un clavo pasao”.

Además –agrego-  no conozco  antecedentes  de que hermanos, sobrinos, hijos o ahijados de algún aspirante le hayan dicho alguna vez, con toda sinceridad: “Usted no da para eso. Pruebe a ser inspector de sanidad si quiere vivir del Estado”.

En nuestra cultura los allegados nunca pueden fallar  en eso de dar pésames ni   en dorarle las píldoras desagradables a su prójimo. ¿Cómo esperar entonces que le hagan  caso a Gallup si  contradice  a las cariñosas masas que rodean a cualquier presidenciable?

horacio@hoy.com.do