LA COLUMNA DE HORACIO

Ventajas relativas
A Zulú, el desyerbador a domicilio que conozco, el trueque que consiste en recibir parte del pago de su trabajo en especie suele ponerle a comer en abundancia sin que por eso el desempeño sea mayor.

Propongo que si vamos a pagar con  huevos y pollos el petróleo, su forma de intercambiar cosas  se tome en cuenta.

Me consta que en la casa de Los Pérez, que  es de buenos metros cuadrados y verdor ornamental, tienen un día de caldos a la semana. Cuando a Zulú le toca  podar en tal predio, uno nota mucho que después de la horade almuerzo a él no solo le cuesta trabajo levantar la cortadora de ramas, la que siempre choca con su tendencia a la molicie, sino hasta los párpados.

En el primer segmento de una jornada reciente vi que cortó bastante bien sobre la hilera de arbustos. Pero pasado el sancocho, sus articulaciones solo avanzaron a buena velocidad  hacia las  7 P.M. cuando por falta de claridad tuvo que dejar parte de la tarea para otro día(?) según dijo al coger las de villadiego. Debo agregar que donde Los Pérez son abundantes en lo culinario y que buena parte de lo cocido en tal  fecha se fue, de envase lleno y todo, en las manos de Zulú.

Una vez me contó de la esplendidez que con longanizas tuvieron para él estos clientes de  sus labores de jardinería. Me dijo que ese día tales sabrosuras le llegaron acompañadas de moro bien nutrido de guandules, víveres en trozos mayores y un platón de ensalada. En tal ocasión, la siesta  que bajo un frondoso flamboyán  duerme este pintoresco miembro de las clases desposeídas, convirtió en totalmente imperceptible su cometido laboral de la tarde. Hay señores que a la hora de remunerar no saben ser capitalistas. Los Pérez son uno de ellos.

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