LA COLUMNA DE HORACIO

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Será cierto que todo ser humano es bifurcable? Que en cada entraña pugnan alguna vez el sentido del bien y el sentido del mal. De un lado el ángel, y del otro, el diablillo haciendo de las suyas al menor descuido de su gemelo en el subconsciente. Ésta sería una dinámica interior que explicaría el hecho de que con cierta frecuencia cualquier señor de ropaje e investidura para las causas dignas sienta que sus mezquindades se sublevan y lo llevan a cruzar hacia las causas contrarias que conducen al enriquecimiento instantáneo.

Ahora bien, un serafín  interior debilucho, pobremente forjado en la moral familiar y con escuálidos parámetros  para sus roles adultos, sería abrumado fácilmente por su contraparte. Un marinero cuya conciencia pesara mucho menos que una paca de estupefacientes en flotación, saltaría por la borda de la dignidad tan pronto ambas cosas fueran puestas en balanza. Un contratista o gran proveedor que tuviese muy desprevenido a su yo “noble y decente” terminaría, inevitablemente, permitiendo que sea su otra personalidad la que sume y reste costos y comisiones, tendiendo a inflar sus ganancias por encima del interés nacional. Y si se ha asociado a su vez a la parte taimada de aquel que lo contrató en nombre del Estado, ya serían dos los demonios-boas  a los que el fisco tendría que alimentar. Podríamos citar muchos otros ejemplos burdos o refinados, de chelitos o de millones, sobre los triunfos del mal sobre el bien. En estos días llamó nuestra atención algo que el periódico El Nacional describió como “banda cívico militar” de asaltantes, una suma  de conductas malévolas  de paisanos unidas a las conductas infames de unos uniformados que trataron de hacerse dueños de las calles. Cada “coalición” de ese género conduce a que el delito se refuerce o a que el sentido de autoridad se vaya a la porra… o ambas penas a la vez.