LA COLUMNA DE HORACIO
En los tiempos de los eufemismos

Aquello que  el ciudadano común considere un “cáncer social”  es tratado de todos modos por los usos presentes de la globalización con vocablos  supuestamente objetivos que suelen restarle gravedad a los asuntos.

Llaman “Trabajo infantil” a prácticas que con frecuencia no son más que “cruel explotación de menores de edad”. Se ha impuesto  el tratamiento acuñado de “trabajadora sexual” a una forma indeseable de ganarse la vida. Sin embargo, ninguna familia aceptaría  que para ser obrera haya que arrebujarse con desconocidos para  la entrega  de partes corporales a diversos precios. Los padres seguirán limitándose  a hablar con satisfacción de las habilidades de sus hijos cuando sus actividades  solo tengan que ver con el cerebro, las manos y los pies.

Conozco un “Departamento de Asuntos Generales” de una empresa cuyas tareas en realidad  están concentradas a descubrir escondrijos de plagas, velar porque las aguas negras fluyan sin dificultad y organizar el depósito de desperdicios.

Recientemente la contestadora automática del teléfono de emergencia al que llamé para denunciar unas fallas me remitió a lo que se llamó  “uno de nuestros analistas”. Los tropezones que daba la muchacha que me tocó para recibir mis datos, y las muchas veces que tuve que deletrear y repetir mis palabras para que su anotación tuviera sentido, me convenció de que los “métodos analíticos” hallaron su tumba en este país. Como ahora todo se resuelve con eufemismos, me asalta la duda cada vez que algún amigo me habla de su novia que no conozco: “Trigueñita, delgada y de ojos expresivos”. Siempre espero a conocerla para saber concretamente cuáles son las características que me describen de esa forma.

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